Antoni Puigverd: La pregunta del milió

 

El 9 de noviembre del 2014 ¿será una repetición o una impugnación del 6 de octubre de 1934? Amadeu Hurtado describe con lúcida desolación los hechos del 34, de los que fue coprotagonista. El president Companys lo ha enviado a Madrid a explorar una salida digna a la impugnación de la Llei de Contractes i Conreus del Parlament. El Constitucional está ya en fase de redacción de la sentencia y Hurtado no consigue ablandar el criterio de los jueces, pero encuentra la comprensión del presidente del gobierno, el valenciano Ricardo Samper. Hurtado y Samper pactan una solución: el Parlament aprobará la misma ley, cambiando tan sólo unas palabras para que no pueda decirse que es la misma; y la ley pasará todos los controles. La dignidad del Parlament quedará salvada.

Hurtado regresa a Barcelona y explica el pacto a Companys, pero este, muy nervioso, afirma: “A tiros, los recibiré, si es necesario”. “¿Pero a quién?”, contesta, Hurtado, perplejo. “A los que vengan a apoderarse de la Generalitat”. Hurtado intenta explicar de nuevo la solución pactada con Samper, pero Companys no escucha: “Ha llegado la hora de la batalla y de la revolución. Es posible que Catalunya pierda y que algunos de nosotros perdamos la vida; pero, perdiendo, Catalunya gana, porque necesita sus mártires que mañana le asegurarán la victoria definitiva”. El final de la historia es sabido. Companys proclama la República catalana el 6 de octubre. El general Batet se presenta en la plaza de Sant Jaume. Algunos disparos, pocos. Companys se rinde, la Generalitat es suspendida, el president encarcelado. En una citadísima crónica de los hechos, Gaziel pone el énfasis en la respuesta civil a las arengas radiofónicas del Gobierno catalán: calles vacías. Los catalanes se inhiben.

Hay semejanzas, pero también muchas diferencias entre aquellos hechos y los de ahora. Era la Lliga, quien había impugnado la ley del Parlament al TC: ahora el nacionalismo catalán de derecha e izquierda está unido. Unido por el pegamento de la ANC. La otra gran diferencia: Rajoy no es Samper, no ha ofrecido transacción alguna (tampoco hemos visto a un Hurtado).

Mas y Companys se parecen mucho: ninguno de los dos era un nacionalista propiamente dicho. Ambos son arrastrados por la emoción ambiental. De ahí, la pregunta del millón: ¿saldrán a la calle, los catalanes, cuando, además de manifestarse festivamente, tengan que defender cotidianamente una ruptura institucional? Más allá de las ideas y los sentimientos, la clave del momento es la fuerza.

Agosto ya es un huevo comido; y el trimestre que mañana se abre es un huevo por incubar. Todo el mundo se pregunta: ¿Qué incuba este huevo? ¿Una comedia, un drama, un final feliz? Puede pasar cualquier cosa. Desde que Franco murió, no había sido tan difícil anticipar el futuro. El ambiente está cargado de electricidad y los rayos pueden caer en todas partes.

Antoni Puigverd, La Vanguàrdia, 31/08/2014

 

 

 

 

 

 

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