Xavier Vidal-Folch: Sense Tarradellas ni Suárez

Se sabía de antemano que el Congreso rechazaría transferir a la Generalitat la competencia para organizar una consulta. Lo había anticipado el Tribunal Constitucional. “Una comunidad autónoma no puede unilateralmente convocar un referéndum de autodeterminación para decidir su integración en España”, sentenció el 25 de marzo, aunque nada dijo de otros referendos, los no unilaterales. De modo que en este capítulo solo interesaban los matices de cada cual. Pero había otro polo de máximo interés. ¿Se propondrían alternativas al referéndum? ¿Cuáles? Pronto quedó claro que Mariano Rajoy defraudaba el pronóstico de que se aprestaba a formular alguna propuesta nueva. Fue ninguna. Hizo trizas las expectativas. Pero, sobre todo, hurtó el segundo mandato de la mencionada sentencia del Constitucional.

¿Mandato? Sí. Muy claro. Un mandato para “resolver mediante el diálogo y la cooperación los problemas” territoriales. O sea, no una conversación etérea, no una tertulia, no una sucesión de monólogos, sino un diálogo orientado a “resolver” los “problemas”, para lo que es requisito reconocer que hay algún problema. Eso presupone la voluntad de llegar a acuerdos. Y exige: propuestas con contenidos materiales concretos; un procedimiento claro y eficaz; un calendario explícito. A partir de ahí, “cooperación” para identificar medidas que reconstruyan la confianza. Y desde ahí una negociación con renuncias mutuas, acuerdos, periodos de ejecución.

El que más se acercó a ese mandato fue Rubalcaba con su alternativa de una reforma constitucional federal, que atienda a “las quejas”, también de los catalanes, y que detalló: Senado territorial, rechazo a la invasión competencial, reconocimiento al máximo nivel de la singularidad catalana… Duran Lleida se aferró a ese hilo: “A partir de mañana, ¿qué esperan para negociar?: pongan fecha y hora”, exhortó al Gobierno, haciendo equilibrismo entre el referéndum-referéndum y la revisión de la Carta Magna. Pero Rajoy no estaba por la labor.

Hace 37 años, los obstáculos al entendimiento eran superiores. Verano de 1977: los enviados del justamente ensalzado presidente Suárez —el antiguo gerifalte del Movimiento franquista— negociaban con el presidente Tarradellas —republicano, autor del decreto de colectivizaciones de 1937 y exiliado en Francia— el texto del decreto ley de 29 de septiembre que restablecía en su persona la institución de autogobierno de los catalanes, la Generalitat. Tarradellas estuvo este martes en el hemiciclo en boca del líder socialista, cuando recordó su “Ja sóc aquí” del retorno y su discurso encareciendo a los catalanes al compromiso con el impulso a la modernización de España. Pero el cuarto sucesor del viejo president no acudió. El cuarto sucesor de Suárez le trajo, también verbalmente, pero no surcó el rastro del legado de diálogo concreto, seducción operativa, concordia pautada y consenso infatigable del presidente centrista. Una bella ocasión perdida.

Xavier Vidal-Folch, El País, 09/04/2014

 

 

 

 

 

 

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