Josep Ramoneda: PSC, la política en temps passat

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Josep Ramoneda: PSC, la política en temps passat

En la situació actual de Catalunya el federalisme i la reforma de la Constitució sonen a pur anacronisme

El PSOE ha fet una proposta. En això avantatja al PP, que segueix menyspreant qualsevol iniciativa que vingui de Catalunya

 

En política hay un error garrafal: equivocarse de tiempo. Hace diez años, plantear una vía federal, sustentada sobre una voluntad de pacto y regeneración del Estado, para mejorar el anclaje de Cataluña en España, podía tener sentido. Pasqual Maragall lo intentó. La crisis del Estatuto de 2006 cerró brutalmente ésta vía. Si entonces no fue posible, mucho menos ahora, en que las coordenadas del problema han cambiado por completo. En la Cataluña actual, la apelación al federalismo suena a música celestial.

A Pere Navarro le ha dado en los últimos tiempos por la grandilocuencia. “Este es un acuerdo histórico que pondrá nerviosos a los que quieren romper”, ha dicho sobre el documento socialista de Granada. Del autobombo al ridículo solo hay un paso que lo ha cruzado Maurici Lucena, al afirmar que el acuerdo “dará a Cataluña casi tanta autonomía como una Cataluña independiente”. El PSC se apunta a la retórica preformativa, pensando que repitiendo muchas veces y muy enfáticamente la misma fabulación la gente acabará creyéndosela. Para que esta técnica sea eficiente se necesita un caldo de cultivo, unas condiciones reales que permitan que la ciudadanía pueda ser sensible al mensaje. En la situación actual de Cataluña el federalismo y la reforma de la Constitución suenan a puro anacronismo.

Hoy la relación entre Cataluña y España es un problema político de máxima envergadura. Para afrontarlo hay que reconocer la realidad. No sirve de nada la melancolía por lo que Cataluña fue al inicio de la transición o la nostalgia por el viejo régimen CiU-PSC. Esto es el pasado, con sus momentos de gloria y sus miserias. Hoy Cataluña está mentalmente situada en una fase postautonómica, en que los parámetros de la España autonómica ya no funcionan. Hay mil indicios que lo confirman, empezando por la evolución del sistema de partidos. Antes de echar mano de un guion del pasado para salir de su naufragio, el PSC debería pararse a meditar cómo ha dilapidado su capital político hasta convertirse en un partido menor. Quizás si afrontara esta cuestión no se perdería en brindis al sol que solo servirán para aumentar su insignificancia. La sociedad catalana ha entrado en una nueva fase mientras el régimen autonómico, gripado y deteriorado, sigue siendo el marco institucional vigente.

La política catalana se articula hoy entorno a un eje definido por los partidarios del sí al derecho a decidir, es decir, de la reformulación total de la relación con España, y los partidarios del no. En este marco, un acuerdo, entre dos partidos hermanos a la baja, que ni siquiera reconoce el derecho a la consulta democrática territorial y que remite los temas conflictivos (ordinalidad, reconocimiento de la plurinacionalidad) a la infausta sentencia del Constitucional sobre el Estatuto, es una salida de pata de banco, una respuesta que hurga en el pasado por miedo al futuro.

El conflicto entre Cataluña y España, con una mayoría parlamentaria en Cataluña que apuesta por la transición soberanista, y con un gobierno español que ha optado por el ninguneo de las demandas que vienen de Cataluña y no tiene otro discurso que remitirse a la legalidad vigente, tiene una vía razonable para desbloquearlo: pactar un referéndum y, en función de los resultados, abrir una negociación política para establecer el escenario postautonómico. Ciertamente, la cerrazón de Rajoy, instalado en la arrogancia, no facilita el normal transcurrir democrático del proceso. Al contrario, encona las cosas. Que Rajoy no perciba o no quiera percibir la nueva realidad catalana, no justifica la ceguera de los dirigentes del PSC. El empeño en sobrevivir entre dos aguas obliga a unos ejercicios de equilibrio para no ahogarse que perturban la percepción de la realidad.

El PSOE ha hecho una propuesta. En esto aventaja al PP, que sigue despreciando cualquier iniciativa que venga de Cataluña. Pero una vacua reforma constitucional es como un susurro. Más teniendo en cuenta que no hay reforma posible sin el PP y que en la propuesta socialista España sigue siendo lo único importante. Si el PSC quiere contribuir a la construcción del futuro postautonómico de Cataluña tiene un camino: convencer a sus socios y a los demás partidos españoles que el conflicto actual no se resuelve con unos pocos dineros y algunas competencias más, sino con un referéndum y una negociación política de fondo, para configurar un mapa nuevo, en función de lo que el voto de los ciudadanos decida. Seguir con fuegos artificiales de pólvora gastada sólo agrandará la irrelevancia del PSC.

Josep Ramoneda, El País, 09/07/2013

 

 

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