Javier Solana: Un nou cicle polític europeu

Javier Solana: Un nou cicle polític europeu

 

Queríamos salir de la crisis con una Europa más fuerte y más unida, pero las recetas económicas aplicadas han desatado una amenaza sin precedentes que arriesga el necesario avance hacia una mayor integración. Ahora, tras cinco años de crisis, la política ha entrado en juego de manera contundente. La deriva antieuropea en muchos Estados miembros y la creciente desafección institucional en la práctica totalidad de la Unión ha dejado de ser un riesgo para convertirse en realidad. Hoy la crisis ya no es solo económica, sino política e institucional. Y la única manera de solucionar esta nueva cara de la crisis, de responder a las demandas ciudadanas, de profundizar en la Unión y de confrontar las tensiones populistas es desde la política, con mayúsculas y sin paliativos.

Europa necesita liderazgo político para cambiar la situación económica y romper el círculo vicioso de recesión, paro y austeridad, poniendo el foco en el crecimiento, el empleo y la innovación institucional. Si las medidas económicas siguen obviando los efectos políticos de la crisis, el riesgo de dañar irreparablemente a la Unión crece exponencialmente.

La eurozona sufre la recesión más larga de su historia. Los ciudadanos llevan demasiado tiempo sufriendo esta crisis y, como consecuencia, la confianza en la UE está cayendo en todos los Estados miembros. El desgaste institucional es muy preocupante: países como Francia, Reino Unido, Italia, Austria, Holanda, Finlandia, Grecia, Portugal e incluso Alemania contemplan el ascenso de fuerzas antieuropeas. Es imposible avanzar hacia la unión política dejándose a los ciudadanos por el camino, que perciben que los sacrificios nos conducen a una espiral descendente de la que no se puede salir. Por eso la política debe tomar de nuevo las riendas, demostrando liderazgo firme y dando prioridad al crecimiento frente a propuestas que se han probado equivocadas y de corto recorrido.

Los líderes europeos no pueden permanecer impasibles ante este peligrosísimo tsunami y lo saben. Todavía estamos a tiempo de reaccionar, pero el tiempo es limitado. Nadie quiere que la Unión Europea fracase por la desafección ciudadana. Si queremos aprovechar la coyuntura política que se abre en 2014 hay que hacer ya mismo un esfuerzo político, comunicativo y pedagógico; de lo contrario llegaremos tarde y perderemos una oportunidad valiosísima. La ciudadanía ya ha demostrado sentido de la responsabilidad y capacidad de sacrificio, pero debe saber que después, tras los esfuerzos, habrá una recompensa en forma de esperanza, empleo y prosperidad.

El de 2014 es un año clave. Es el fin de un ciclo político y debiera ser el comienzo de otro. Habrá un nuevo Gobierno alemán, se votará para elegir a un nuevo Parlamento Europeo y a finales de año tendremos una nueva Comisión. Es ahí donde debemos poner todos nuestros esfuerzos y empezar a movilizar desde ya a los ciudadanos, tanto a nivel nacional como europeo. El resultado de las elecciones europeas puede plantear una enorme paradoja. Justo cuando más poder tiene el Parlamento Europeo, como consecuencia del Tratado de Lisboa, más grande es el riesgo de que se condene a la irrelevancia. Si como resultado de las elecciones se configura un Parlamento fragmentado, reflejo del estado de ánimo de las sociedades en los Estados miembros, además de poco representativo por baja participación electoral; la parálisis, la desafección y la inoperancia están garantizadas.

Todas las soluciones deben pasar necesariamente por Europa. No hay que tener miedo a ceder soberanía para llegar a la unión política mediante el proceso de creación de sentimiento ciudadano. Debemos aprovechar este nuevo ciclo político para corregir el diseño institucional europeo, dotarlo de mayor legitimidad democrática y responder con más integración al euroescepticismo y al intergubernamentalismo. Frente a ambos, es importante recuperar el eje París-Berlín como motor del método comunitario. Necesitamos un presupuesto europeo que sea suficiente para responder a las expectativas y estar a la altura de los retos que tenemos por delante. Resolver estas cuestiones es tan importante como resolver los problemas económicos.

Por eso creo que es la hora de recuperar la política como acción transformadora. Las instituciones se legitiman por su acción eficaz, y la Unión Europea debe volver al lugar que le corresponde, para defender los intereses comunes frente a los intereses nacionales. El Parlamento Europeo debe ejercer el poder que le corresponde y ser el lugar donde la ciudadanía se sienta representada. Kemal Dervis, vicepresidente de la Brookings Institution, lo ha expresado recientemente: “Si se permite que los tecnócratas determinen políticas a largo plazo y establezcan objetivos que no pueden ser controlados por mayorías democráticas, la democracia en sí misma está en serio peligro”.

En 2014 se cumplen 100 años del comienzo de la I Guerra Mundial. Desde entonces hasta hoy, Europa ha pasado por lo peor y por lo mejor de su historia. No olvidemos la enorme carga simbólica que tiene esta fecha para entender lo mucho que hemos cambiado. La Unión Europea es uno de los grandes hitos políticos de la humanidad. Por eso, y para salir de la dificilísima situación en la que nos encontramos, este momento requiere lo mejor de todos los europeos para trabajar con la convicción de que nuestro futuro está inexorablemente ligado a una Unión más fuerte, más integrada y más capaz.

Javier Solana, El País, 29/05/2013

 

 

 

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