Manuel Castells: El futur del periodisme

Manuel Castells: El futur del periodisme

 

Bastante negro dicen muchos, constatando reducciones de plantilla y deterioro de las condiciones de trabajo. Y sin embargo, nunca el periodismo ha sido más importante. En una sociedad de la opacidad del poder y de desconfianza ciudadana hacia todas las instituciones el acceso a la información y a una interpretación rigurosa de lo que pasa se convierten en condiciones esenciales para poder asumir el control de nuestras vidas. En realidad, si por periodismo entendemos obtener información, analizarla y distribuirla, no se puede hablar de crisis del periodismo, sino de su transformación. Lo que sí está en crisis es el obsoleto modelo de negocio de los medios de comunicación. En particular en la prensa que no sabe qué hacer con la competencia de internet, aparte de cobrar el acceso on line, un método perjudicial informativa y económicamente porque desvía a miles de lectores hacia otros canales de información. En la actualidad, casi todos los diarios son financieramente insostenibles y sobreviven mediante subvenciones directas o indirectas de administraciones públicas o grandes grupos corporativos que los usan como plataforma para sus estrategias de negocio multimedia. La televisión aguanta mejor, aunque está en una situación de transición mientras no desaparezca la generación que pasó su vida ante el televisor. La fragmentación de la audiencia da menor margen a cada una de las cadenas televisivas, llevando a un proceso de concentración de la propiedad y de comercialización en detrimento de la profesionalidad.

Quedan, sí, las televisiones pagadas en su mayor parte por los contribuyentes, como la BBC o TVE. Por eso la defensa de la televisión pública (que puede ser rentable, como lo es la BBC en base a calidad y estrategia global) se convierte en baluarte de la democracia informativa. El desarrollo de internet sobre plataforma móvil obliga a la televisión a adaptarse tecnológica y empresarialmente a la era de la autocomunicación de masas que sustituye a la comunicación de masas que fue el imperio de la televisión generalista. Una época que nunca volverá. La fuente esencial de ingresos de la televisión es la publicidad y la inversión publicitaria se está desplazando a la publicidad en internet, con una audiencia mucho mayor y un costo menor. La publicidad tardó en adaptarse a un medio interactivo, pero las nuevas estrategias de comunicación están funcionando y haciendo rentable internet.

Ahora bien, el periodismo es mucho más que la industria mediática. El periodismo es un bien público y como tal hay que considerarlo. Es lo que permite a la sociedad ser sociedad comunicada y no una colección de individuos potencialmente autistas. Y en este sentido, hay más periodismo que nunca. Se produce, interpreta y distribuye información en una gigantesca escala en múltiples formatos por internet. El periodismo ciudadano en el que todos podemos generar nuestro propio canal (llámese blog o presencia en la red) no amenaza sino que complementa el periodismo profesional. A condición de que, como hacen la BBC o The Guardian, se organice, filtre e interprete ese aluvión de información en términos profesionales. El periodismo ciudadano y el ciudadano periodista son aliados estratégicos. Entre otras cosas porque como en la era de internet no se puede ocultar información (los malvados siempre están bajo vigilancia de algún móvil), la censura interna de los medios resulta mucho más difícil y el profesional refuerza su independencia. Más aún, la práctica del periodismo está en plena transformación tecnológica y organizativa, cuyos efectos dependen de cómo se usen las nuevas formas comunicativas al servicio del principio perenne de informar en el interés público. En un estudio que publicamos recientemente con Bregtje van der Haak, exdirectora de la televisión pública holandesa, y el premio Pulitzer Michael Parks, mostramos de qué forma los periodistas actuales necesitan de la colaboración de múltiples especialistas y recursos a las más variadas fuentes de información que surgen constantemente en internet y en bases de datos digitales. Así ha surgido un periodismo en red en el que es el conjunto de la red el que produce y distribuye la información, donde colaboran múltiples especialistas y donde la autenticación de la información se hace esencial . Dicha evolución no disminuye el papel del periodista profesional. Al contrario. Alguien tiene que integrar e interpretar toda esa información en tiempo real. Ese alguien es un profesional preparado para hacerlo y con independencia de criterio. Lo que no quiere decir neutralidad (que no existe y que además aburre) sino rigor y transparencia sobre la perspectiva desde la que se informa. Lo que le queda al periodismo profesional en un mundo inundado de información es la reputación profesional y la calidad del análisis. Si el periodismo no responde a estos dos criterios entonces sí podremos hablar de crisis del periodismo profesional. Porque hoy día ya estamos en condiciones de automatizar el trabajo rutinario del periodismo, aquel que consiste en recoger información, organizarla y escribirla o difundirla.

El experto en inteligencia artificial Kris Hammond, en Chicago, ha creado una empresa, Narrative Science, donde programas robots (usando crawlers para buscar información) pueden escribir artículos sin intervención humana, sobre todo en temas como información financiera o deportiva. Es más, se puede programar una determinada perspectiva a través de la cual se organiza la información. Hammond predice que en una década un 80% de los artículos publicados en EE.UU. serán producidos por robots (Khammond.blogspot.com). Lo que faltaba, podríamos pensar. Pues yo pienso lo contrario. Si la rutina se puede automatizar y la información llega de todas partes, lo que se convierte en esencial en ese proceso es la calidad del análisis y la garantía de profesionalidad. Por eso si despiden a los periodistas las empresas matan la gallina de los huevos de oro. Porque si los medios no proporcionan lo que la gente no puede hacer por si misma, se autogestionará colaborativamente la información sin depender de los medios. El periodismo no ha muerto, sino que renace. A menos que lo maten las empresas de la comunicación.

Manuel Castells, La Vanguàrdia, 13/04/2013

 

 

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