Andy Robinson: Tras Chipre, el amor cruel es la nueva consigna

Andy Robinson: Tras Chipre, el amor cruel es la nueva consigna

La decisión de ‘quemar’ a tenedores de bonos y grandes depositantes en la isla mediterránea pone en peligro a otros países pequeños y algún grande también

El rescate a Chipre ha puesto en entredicho una de las funciones básicas de la banca

Tras Chipre, la filosofía germano-holandesa de que “hace falta ser cruel para ser compasivo” es la “nueva normalidad” en la zona euro. Y después de haber triplicado en el sur el coste relativo del crédito bancario frente a Alemania, todo indica que Chipre no será el último periférico en caer

 

Tras Chipre, ¿cuál será el próximo país en verse forzado a someterse al tough love (amor cruel) de un programa de apoyo de la troika? Por el momento se van barajando una serie de pequeños estados de la zona euro -principalmente Eslovenia, Luxemburgo, Malta, Letonia- como posibles víctimas de una ola de contagio. “Eslovenia es el número uno de la lista de vulnerables: sufre una fuerte contracción económica y se dispara la morosidad”, dijo James Howat, de Capital Economics. Malta y Luxemburgo -paraísos fiscales y centros offshore (libres de impuestos y regulación) iguales que Chipre- tienen enormes sectores bancarios, siete y veinte veces más grandes, respectivamente, que sus economías. “Pero son bancos muy internacionalizados y no hay ni mucho menos el mismo riesgo que Chipre”, matizó Howat en una conversación telefónica. Letonia, el Estado báltico, calificado como la estrella de la devaluación interna (recortes de salarios y gasto público) hace unos meses por el FMI, tiene una elevada dependencia de capitales procedentes de Rusia y puede verse contagiada.

Estos territorios pequeños dan más miedo a los mercados porque, a diferencia de España o Italia, “no son demasiado grandes para caer”, dijo Patrick Minford, economista euroescéptico de la Universidad de Cardiff tras una conferencia en Madrid la semana pasada. Pero la víctima, en última instancia, del rescate ejemplarizante a Chipre y sus bancos -una quita de un 60% a tenedores de bonos y grandes depositantes y el cierre definitivo de su centro offshore- puede ser la confianza en el sector bancario en general, así como la oferta de crédito a las asfixiadas economías periféricas, tanto de países grandes como de pequeños, liderados por España e Italia.

Lo cierto es que, tras un fuerte impacto inicial sobre las primas de riesgo de la periferia, el contagio desde Chipre ha sido bastante suave. No se ha producido una salida masiva de dinero de depósitos y las primas de riesgo periféricas volvieron a caer la semana pasada. “Si me hubieras dicho hace un año que una quita a depositantes bancarios sólo sumaría unos cuantos puntos básicos a las primas de riesgo, no te habría creído”, dijo Phil Suttle, economista jefe del Instituto de Finanzas Internacional (IIF por sus siglas en inglés), un think tank vinculado a la banca privada internacional. Esto se debe, sin ninguna duda, a la presencia del megaparaguas del programa de compra de bonos del BCE y el compromiso de Mario Draghi por “hacer todo lo necesario” para proteger la solvencia de España o Italia.

Sin embargo, la banca sí se ha asustado, dice Suttle, anteriormente de JP Morgan. Y esto se traducirá en una aceleración del desapalancamiento bancario, más recesión y más problemas de sostenibilidad de deuda. “Será verdad que estas medidas duras de los alemanes y los holandeses obligan a los irresponsables a tomar la medicina”, dijo Suttle. Pero, “con los niveles de deuda que tenemos en la zona euro, no sé si es buena idea cortar la arteria y dejar correr la sangre”. Porque la eurocrisis -desde que Draghi logró esfumar el miedo escénico a la insolvencia soberana- se ha centrado en la banca. Las primas de riesgo sobre deuda soberana periférica han caído, pero el coste relativo de crédito a consumidores y empresas en España e Italia frente a Alemania se han multiplicado por tres en dos años. Existe un grave peligro de que el amor cruel a Chipre agrave esta fragmentación financiera entre norte y sur.

Es una de las muchas paradojas de esta crisis. Nadie -ni el IIF- puede cuestionar que la receta alemana de castigo ejemplarizante a inversores millonarios -muchos de Rusia- en un paraíso fiscal, produce una agradable sensación de que, por fin, se hace justicia. “Este rescate será un punto de inflexión; ya no habrá más dinero público para rescatar a tenedores de bonos o grandes depositantes”, dijo Jacob Kirkegaard, del Peterson Institute en Washington, de nacionalidad danesa pero defensor de la linea germano-holandesa. “Han eliminado, en gran parte, el problema del moral hazard (el riesgo moral de subvencionar a inversiones temerarias)”. No es un problema de periferia y centro, sostiene: “El ejemplo de Chipre ayudará a los bancos fuertes y perjudicará a los débiles donde sea ; Alemania tiene bancos muy débiles”, dijo.

Daniel Gros, del Centro Europeo de Estudios, coincide en que “Chipre marca un cambio estratégico”. Lo dijo, en un primer momento, también Jeroen Dijsselbloem, presidente holandés del Eurogrupo, aunque Mario Draghi insistió el jueves en que Chipre “no será un patrón”.

La cuestión es si este es el momento indicado para atacar frontalmente al riesgo moral. “Chipre ha sido un error grande. Se ha puesto en entredicho la función mas básica de los bancos como un lugar seguro para los ahorros; pone en peligro el retorno de depósitos a Grecia, incluso a España. Y va a ser aún más difícil para los bancos conseguir capital”, dice Stephany Griffith Jones, directora de mercados financieros de la Universidad de Columbia (Nueva York). Todo esto -lejos de allanar el camino a la salida de la crisis- restringirá aún más la oferta de crédito periférico. “Los holandeses estarán encantados de haber aplicado quitas muy duras en Chipre, pero es una señal de que el imperio se está deshilachando en los bordes”, dijo Minford. Eslovenia será el próximo en pedir un “rescate” de la troika, coinciden Howat y Suttle. Pero España tampoco está a salvo. “Mariano Rajoy se felicita por no pedir un programa del BCE; yo diría: más vale tenerlo montado por si acaso”, dijo Shuttle.

Andy Robinson, La Vanguàrdia, 07/04/2013

 

 

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