Joan Majó: Estímols a la recuperació

Joan Majó: Estímols a la recuperació

 

Después de cuatro años de crisis parece que por fin van abriéndose tímidamente algunas grietas en el muro de la austeridad, por donde se podrían colar medidas de estímulo. Los muros se han levantado con piedras y con cemento (una suma de imposiciones y de convencimiento), tanto en Berlín, como en Madrid o Barcelona. Los muros son sólidos, pero finalmente el cemento del convencimiento se ha ido debilitando y permite un cierto cambio en las políticas, aunque todavía muy condicionadas por pesadas imposiciones. En cualquier caso oiremos hablar de estímulos, y querría hacer algunas reflexiones sobre cuáles son los más adecuados.

1. Estímulos y austeridad. Demasiadas veces se han considerado incompatibles ambos elementos y se ha optado por uno de ellos, en lugar de buscar una adecuada combinación de unos y otros. En España en 2009 se optó solamente por estimular, y tanto en España como en Cataluña llevamos ya dos años hablando solo de austeridad. La austeridad persigue la necesaria reducción del endeudamiento y es cierto que financiar según qué estímulos puede incrementar el déficit y por tanto van en la dirección contraria. Pero ni las cosas son tan simples ni la contradicción es tan radical. Tanto los estímulos como las medidas de austeridad tienen un doble efecto, sobre el endeudamiento y sobre el crecimiento. Al escoger unos u otros hay que prever todas sus consecuencias. No es fácil pero es necesario.

2. Paro y demanda. Coincido con muchos en que el elemento central de toda la crisis es el paro, y aún más el paro en algunas franjas de edad. Mientras no se cree ocupación neta no estamos iniciando la salida. Pero la ocupación no se crea solamente con un tipo de estímulos. Es cierto que la rebaja de algunos costes asociados con el factor trabajo, o la reducción de algunos impuestos a las empresas, puede ayudar. Estas medidas son un acompañamiento, pero el estímulo fundamental es el estímulo a la demanda. Un empresario no creará más puestos de trabajo porque le rebajen los impuestos; los creará si necesita producir más para vender más, y esto solo ocurre si tiene más pedidos. Menos impuestos puede animarle a contratar más gente, pero si no hay perspectivas de vender más, ni se lo planteará. Por tanto todas aquellas medidas de estímulo fiscal que no vayan acompañadas de estímulos a la demanda, o que supongan una reducción de la capacidad de consumo de la población, serán inútiles. Así de simple.

3. Crecimiento y consumo. Se acepta que la salida de la crisis pasa por una vuelta al crecimiento económico, y que la disminución del paro solo se puede prever a partir de un crecimiento anual del PIB por encima del 2%. Pero hay muchas personas que, con razón, ponen en duda que sea acertado y prudente pensar en mantener la necesidad del crecimiento, en un escenario de limitación y encarecimiento de recursos naturales y de acumulación de residuos en la tierra y los mares, y de gases en la atmósfera.

Estoy de acuerdo en que hay que estimular el crecimiento para crear ocupación, pero no todo tipo de crecimiento ni en todas partes. Las medidas de estímulo deben ser, por tanto, selectivas y deben provocar cambios en las pautas de consumo, de forma que se puedan conseguir crecimientos del PIB, con reducciones reales del consumo de recursos naturales (especialmente energéticos) y con disminución de las emisiones de gases. No hay que reactivar, hay que transformar. Solo se puede reactivar transformando.

4. Consumo y desigualdad. Se ha explicado sobradamente que la crisis española ha generado mucha pobreza, pero no se ha explicado tanto que en los años de gran crecimiento también se generó pobreza y se incrementó mucho la desigualdad. La razón principal del descenso del consumo es la pobreza y la reducción de la renta disponible de la denominada clase media baja. Medidas para recuperar la demanda que no sirvan al mismo tiempo para hacer retroceder la desigualdad serán mucho menos eficaces que otras que permitan recuperar el consumo de sectores ahora casi descolgados del mismo.

En resumen, la reducción del paro pasa inapelablemente por el estímulo de la demanda, tanto exterior como interior. Es imprescindible aceptar las limitaciones de los recursos naturales y buscar la mejora de la igualdad. No se trata de dos condicionantes ideológicos, si no de la pura racionalidad económica.

Joan Majó, El País, 06/02/2013

 

 

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