Moisès Broggi. Les Brigades Internacionals: “Els vaig veure morir”

Moisès Broggi. Les Brigades Internacionals: “Els vaig veure morir”

 

El 2012 s’ha acomiadat amb la pèrdua de Moisès Broggi, cirurgià, humanista, demòcrata, resistent, i home volgut per tothom, als 104 anys. En el seu despatx, explica Ima Sanchís, hi havia una foto d’Einstein en les oficines parisenques de les Brigades Internacionals, de les que Broggi va ser cap de l’equip quirúrgic a la Guerra Civil espanyola. “Amb aquesta guerra nostra, va començar la lluita entre les democràcies i els règims totalitaris”, deia.

 

– Médico vocacional?

– No, no, a mí tanto me daba estudiar letras como ciencias.

 – Haga el favor de no desmontarme al héroe de Hemingway.

– Menudo tipo, todo el día comía y bebía. Le encantaba España y nuestra guerra, la pasó con las Brigadas Internacionales.

 – Y allí le conoció.

– Sí, yo era uno de los tres cirujanos de aquellas brigadas cuando Hemingway escribía “Por quién doblan las campanas”.

 – Allí habla “del valeroso médico”, usted …

– Sí, de “ese médico que opera tanto”… Claro, me mandaban todos los heridos del frente y no podía comer ni dormir durante días.

– ¿Y cómo se metió en ese lío?

– Terminada la carrera me presenté a una plaza de médico de los guardias de asalto, necesitaba trabajo.No tardaron en llamarme al cuartel de la Barceloneta el 18 de julio, donde estaban atrincherados los guardias de asalto esperando que los militares se rebelaran. Yo estaba detrás de una barricada hecha con papel prensado y balas de algodón.

– Muy ecológica.

– Por lo menos no había uranio empobrecido, ser nonagenario tiene sus ventajas.

– ¿Y cómo sabían que se iban a rebelar?

– Algún chivato. En una guerra y en todas las cosas de la vida la información y tener amigos es lo más importante. Había ametralladoras en todas las azoteas y cuando llegaron los militares con sus cañones como si fueran a un desfile los masacraron.

– ¿Entonces el 18 de julio fue tranquilo?

– Muy tranquilo, lo malo fue el 19. Yo era médico de guardia del Clínic, los pasillos estaban atiborrados de heridos. Me puse a operar y al cabo de dos días me volvieron a enviar a la Barceloneta y allí me encontré con la crónica anunciada del desastre.

– ¿A qué se refiere?

– A una cola larguísima de gente a la que presentando el carnet del sindicato le entregaban armas y municiones. Supe entonces que lo que se había ganado aquella noche se perdería irremediablemente.

– ¿Pero usted no era republicano?

– En el Clínic yo operaba a todos los heridos, tanto me daba que fueran de un bando como de otro. Luego me llamó el presidente del comité de guerra de la Generalitat, se habían creado las Brigadas Internacionales y necesitaban un equipo quirúrgico porque los heridos se les morían, querían sugerencias.

– ¿Y qué les sugirió?

– Los hospitales móviles para atender a los heridos cerca del frente. Fue uno de los progresos importantes de la guerra española.

– Cuénteme cómo era una batalla.

– Nosotros solíamos estar en la retaguardia y el peligro era la aviación. Si bombardeaban los heridos no se podían trasladar y había que esperar a la noche para atenderlos, pero se habían pasado todo el día desangrándose y todos morían, era un desastre.

– ¿Y cuál era su situación emocional?

– Toda la pena. La guerra son destrozos de cuerpos jóvenes y a veces no puedes hacer nada. Recuerdo que operé al comisario político, que era un polaco. Me confesó que estuvo a punto de denunciarnos.

– ¿Y eso por qué?

– Porque mis ayudantes eran partidarios de Franco y como eran imprudentes, lo manifestaban. Pero no nos denunció, estaba impresionado por nuestro trabajo. Además, las Brigadas Internacionales eras diferentes.

– ¿Cómo eran?

– Lo más heterogéneo que he visto nunca, eran muy interesantes porque venía gente de todo el mundo: fugitivos de otros países perseguidos por la justicia, judíos …

– ¿Había muchos intelectuales?

– Muchísimos: Hemingway, Dos Pasos, Koestler, el filósofo húngaro que desarrolló la teoría del cero y el infinito; Malraux, el autor de “La condición humana”, y un hermano de Einstein, que murió en un campo de concentración en Francia. Y estaban los universitarios que creían luchar contra el mal.

– ¿Y qué hacían allí?

– Trabajaban con nosotros de camilleros, nos traían los heridos desde el campo de batalla. Los vi morir a todos.

– ¿Algún amigo inolvidable?

– Béthune, un canadiense que con dinero de su país intentó montar un banco de sangre para los heridos. El primero en conseguirlo en el mundo fue un catalán Duran Jordà. Béthune abandonó su proyecto porque la jerarquía militar era nefasta y acabó organizando la sanidad de Mao, los médicos descalzos de la marcha de los Cien Días.

– ¿Y qué fue de usted?

– Cuando llegaron los vencedores yo había vuelto al Clínic y allí me depuraron. En todas partes había un comité de depuración formado por partidarios del franquismo que habían tenido víctimas de los sindicalistas y tenían afán de venganza.

– ¿Y se vengaron en usted?

– Yo tenía una hoja terrible: había luchado en las trincheras contra los franquistas, había sido comandante de las Brigadas Internacionales y formado parte del grupo de la reforma universitaria. Me condenaron a no ejercer en ningún hospital, estaba acabado.

– Pero no fue así …

– En la vida las cosas que parece que te hacen más daño a veces son tu suerte. Yo me dediqué a la cirugía privada y me alegro, porque con el tiempo me di cuenta que todo lo oficial es un desastre.

– ¿Qué se aprende en una guerra?

– Que el ser humano continúa teniendo vestigios de ferocidad y de maldad. En la guerra ves cómo mucha gente que creías humana se convierte en fieras.

Moisès Broggi, entrevistat per Ima Sanchís, La Vanguàrdia, 06/02/2001

 

 

 

 

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