Joan Subirats: Parlant d'una altra cosa?

Me contaron que en Sevilla hay un bar en el que el dueño, cansado de oír lamentaciones de sus clientes, ha colocado este cartel: “Prohibido hablar de la cosa”. Y, la verdad es que la “cosa” no va nada bien. Al final resultará que todo el debate sobre el llamado “derecho a decidir” o sobre la independencia de Cataluña (que no es lo mismo), no nos dejará referirnos a “las cosas del comer”. El gran y positivo debate nacional en que está inmersa Cataluña no nos debería impedir hablar de la “cosa” y de lo mal que está. Esta semana, sin ir más lejos, han coincidido diversos actos y presentaciones de informes sobre la situación de la educación en Cataluña (Fundació Bofill) y sobre la pobreza infantil (Fedaia), que no podemos ni debemos ignorar. Lo que nos cuentan estos y otros informes recientes (Informe sobre la pobresa infantil, Síndic de Greuges; Bases del pacte per a la lluita contra la pobresa, Departamento de Bienestar Social) es que Cataluña avanza hacia una creciente dualización social y que la grave situación de varios colectivos nos acerca a la emergencia social.

La novedad está en el cambio súbito en el buen ritmo anterior en prestaciones y mejoras, y está en que nada hace suponer que lo que nos acontece sea simplemente episódico o temporal. Los cambios han venido para quedarse, y necesitamos replantear lo que hacemos, discutir hacia dónde vamos y cambiar urgentemente el rumbo. Las políticas sociales en este país se han fundamentado en el trabajo. Las prestaciones sociales dependen de la situación laboral y el sistema educativo ha ido siendo modulado con relación a un mercado de trabajo más o menos definido. Tenemos muchas cosas por hacer y mucha tarea disponible, pero no tenemos salarios dispuestos a pagar por ello. El cambio tecnológico amortiza puestos de trabajo, y nos incorpora “voluntariamente” a tareas y procesos que antes realizaba gente que cobraba por hacerlo.

Los empleos escasean y los salarios bajan. Los parados acumulan vulnerabilidades y riesgos, pero en Cataluña tenemos ya el 14% de personas que, a pesar de estar empleadas, se sitúan por debajo del umbral de la pobreza. Han crecido el 30% en pocos años las madres menores de 20 años, y el aumento de familias monoparentales concentra riesgos de exclusión. La infancia y los adolescentes son los más frágiles, junto con las personas mayores. Pero estos últimos han logrado mantener hasta cierto punto sus prestaciones, apoyados en su evidente peso electoral. Con todo, los niños y adolescentes no votan, y son ellos los que soportan de manera más dramática los efectos del cambio de época. La educación es una gran tabla de salvación, pero en Cataluña las cifras arrojan déficits muy preocupantes. Se suprimen programas que aparentemente no afectan al llamado núcleo duro del sistema, pero cuya desaparición afecta, sobre todo, a aquellos colectivos que menos capital social o formativo tienen. La educación infantil en su fase 0-3 se ha visto afectada por los recortes y, en cambio, crece el consenso sobre su trascendencia en los desarrollos posteriores.

Frente a ello, no podemos simplificar “la cosa” aludiendo al derecho a decidir o a la independencia. Tampoco me sirve la alusión a que en el País Vasco y Navarra las cosas van mucho mejor gracias al concierto, siendo allí las condiciones sociales y comunitarias muy distintas de las nuestras. Lo que es importante es que aprovechemos la formidable movilización social que ha trastocado calendarios y perspectivas políticas, para fortalecer la iniciativa social y discutir que en Cataluña queremos, no solo en materia fiscal, sino también en materia educativa, social y laboral. Se habla más que nunca de política. Se discute de “la cosa” por todas partes. No hay soluciones mágicas a problemas estructurales. El cómo transitemos y avancemos desde la penosa y grave situación actual hacia una Cataluña más justa y solidaria dependerá de nosotros. Lo que no podemos hacer es avanzar hacia la independencia, dejando atrás un número creciente de catalanes y catalanas a los que solo les queda luchar por su supervivencia. Discutir de justicia social y de desigualdad no es hablar de otra cosa. Es justamente hablar de “la cosa”.

Joan Subirats, El País, 21/10/2012

 

 

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