Lluís Foix: La política de bons i dolents

Ni españolizar ni catalanizar. Se trata, a mi juicio, de educar a las personas para que tengan criterio propio y puedan ser ciudadanos libres en un país libre. Ni más, pero ni menos.

 

En su lúcida historia corta del siglo XX, Eric Hobsbawm, cuenta que entiende por historia “el proceso de cambio en la vida humana y en la sociedad y el impacto de las personas en el entorno global, que se ha acelerado a un ritmo vertiginoso. La historia avanza hoy a una velocidad que amenaza el futuro de la raza humana y del medio natural”.

Leo en el principal titular de portada de El País de este domingo que “La crisis de los países más ricos amenaza con un derrumbe global”. El conflicto entre Catalunya y España es muy importante para catalanes y españoles, por supuesto que sí, pero ocurren hechos en nuestro entorno más inmediato que pueden llevarse por delante la estabilidad de sociedades, pueblos y naciones enteras.

Ya sé que la historia no se repite y que se inventa a medida que se desarrollan los acontecimientos. Las revoluciones están plagadas de reyes, gobiernos y grandes señores que se acostaron tranquilamente a las diez de la noche y se levantaron observando con horror cómo los servidores ya no respondían a los timbres que se hacían sonar desde la alcoba ni les pasaban el desayuno.

Una vez se pone en marcha un proceso de cambio sin tener en cuenta la racionalidad de los actos públicos, las consecuencias de las decisiones políticas, el carruaje de la transformación puede ser incontrolable. Transitar a 180 kilómetros por hora por una carretera secundaria y con muchas curvas puede ser heroico y digno de ser emulado por los modernos iconos de la Fórmula 1. Pero es muy probable que el vehículo se despeñe por una de las curvas y que la historia lo recuerde con una cruz o cualquier otra señal con el nombre, la fecha y los motivos del siniestro.

Decía Ernest Renan, uno de los primeros que escribió sobre el nacionalismo después de la derrota de Napoleón III en la guerra franco-prusiana, que “el olvido histórico, incluso el yerro histórico, constituyen factores sustanciales en la formación de un a nación, y, por la misma razón, el avance, el progreso de la historia como ciencia es, con frecuencia, un peligro para la nacionalidad”. Los historiadores, añadía Hobsbawm a estas observaciones de Renan, pueden ser un peligro para los mitos nacionales.

El mundo entrado ya en el nuevo milenio ofrece pocas certezas económicas y políticas. Las sociedades y los estados son cada vez más volubles, menos estables y más impredecibles. Todo es posible, asegura el president Mas, mientras que Rajoy, con la Constitución en la mano, asegura que fuera de Europa hace frío y es la nada.

La política de estos tiempos, en España y Catalunya especialmente, tiene un aire dantesco en el sentido expresado en la Divina Comedia donde los buenos y los malos son perfectamente ubicados según las manías y las obsesiones del gran Dante Alighieri. Fuera de la Constitución no hay salvación, nos dice Rajoy advirtiendo de que las cosas no quedarán así si Catalunya decide escaparse de España para entrar en una etapa que en palabras de Mas será muy dura y difícil. Mas, por el contrario, ha tenido hoy que salir al paso de las acusaciones de mesianismo en la política hacia la libertad y hacia el estado propio. Tenemos por delante una misión histórica que no mesiánica, ha dicho.

Entre el mesianismo de Mas y la ortodoxia españolizadora de Rajoy, vamos hacia un punto perdido en el horizonte, desconocido, en el que unos y otros nos encontraremos y no precisamente para jugar a las cartas. Mas se encamina valiente hacia la ruptura con España pensando que Europa nos espera con los brazos abiertos. Rajoy está tanteando cómo reaccionar.

Mientras tanto, en Catalunya hay medio millón más de pobres que hace cinco años, los parados aumentan cada día, sube la luz, el gas, el agua, los impuestos se multiplican y no se crea riqueza. Vivimos el periodo más crítico de los últimos 30 años. ¿Se reflejarán estas precariedades extremas en las urnas? Tendremos que esperar algo más de un mes.

Una nota más: ni españolizar ni catalanizar. Se trata, a mi juicio, de educar a las personas para que tengan criterio propio y puedan ser ciudadanos libres en un país libre. Ni más pero ni menos.

Lluís Foix, Foixblog, 14/10/2012

 

 

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