Joaquim Prats: Està assegurada la llengua comú?

El ministro Wert admite en el Parlamento que el objetivo de su Gobierno es españolizar a los alumnos catalanes. Justifica su objetivo al afirmar que a los alumnos se les escamotean conocimientos comunes. La idea de fondo es que “España se rompe” y uno de los síntomas más claros es que el español desaparecerá de Cataluña en pocos años y en torno al debate siempre sobrevuela la discusión sobre el aprendizaje de la lengua común.

Al leer noticias como la de ayer siempre pienso por unos instantes que hablan de otro país. Y no solo por el hecho de que los que vivimos en esta parte de España somos testigos de la naturalidad y la normalidad con que se produce la convivencia de las dos lenguas, sino porque todos los datos que ofrecen los estudios evaluativos desmienten el catastrofismo que se vaticina tan a menudo.

Con toda rotundidad es posible afirmar que, en Cataluña, la lengua catalana y castellana obtienen un nivel aceptable en el sistema escolar, aunque todavía muy mejorable. El castellano que saben los escolares catalanes se sitúa en la media española. Y que al final de los estudios obligatorios, el dominio (o el poco dominio) de las dos lenguas es similar. Recuerdo algunos datos más concretos:

Primero: la competencia en lengua castellana obtenida en evaluaciones de ámbito estatal, en las que se utilizan las mismas pruebas para todo el alumnado español, ofrece un nivel similar del alumnado de Cataluña y el del resto de España. En la evaluación de la Educación Primaria, los resultados globales de la muestra estatal y de la muestra de Cataluña han sido iguales: de un 65% de aciertos. En el caso de la Educación Secundaria este porcentaje presenta una diferencia de un punto: Cataluña un 63% de aciertos, siendo la media española de 64%.

Segundo: los resultados obtenidos en lengua catalana, en el marco de los mismos estudios, nos permiten afirmar que los estudiantes saben tanto (o tan poco) catalán como castellano. En las evaluaciones específicas que se realizan en Cataluña se ha comprobado también una igualdad en el dominio de ambas lenguas.

Tercero: los resultados de las pruebas de selectividad indican la equivalencia en las notas de los exámenes de las dos lenguas. Los resultados varían de un año a otro, en unos el castellano obtiene mejores resultados y en otros el catalán.

Como hablamos de medias, se podría pensar que la mitad habla y escribe bien en catalán y otra mitad en castellano. ¡Pues no es así! Los mejores en lengua catalana lo son también en la castellana y al contrario. No es un tema de comunidades lingüísticas, es un tema general que se repite en el conjunto del análisis de los rendimientos escolares: procedencia social del alumnado, estudios de los padres (sobre todo de las madres), eficacia de los centros, incidencia de la emigración reciente, etc. Estas y otras son las variables que explican los rendimientos.

Desde el punto de vista legal, la ley de Política Lingüística de 1998 garantiza una presencia del catalán y del castellano que ha de permitir, al finalizar la educación obligatoria, utilizar correctamente las dos lenguas oficiales. Para conseguirlo se optó por la estrategia que mejor garantizaba una escuela cohesionada en una sociedad cohesionada: la inmersión lingüística.

Este objetivo no es fácil. La comprensión lectora, la expresión oral y sobre todo la escrita siguen siendo insuficientes. Los resultados de las evaluaciones nos indican que los niveles medios son muy mejorables y, como se ha puesto de manifiesto en las evaluaciones censales al final de la Primaria, existe un porcentaje que oscila en torno al 26% que, tanto en castellano como en catalán no alcanzan los niveles mínimos. Este es el problema aquí, en Cataluña, y en el resto de España para el castellano.

Para acabar: en el sistema educativo de Cataluña, el castellano no sufre más (ni menos) peligro que el catalán. Los retos están claros: mejorar el dominio de las lenguas propias y una lengua extranjera. Por ello, las palabras del ministro no ayudan a plantearse cómo conseguir esta mejora. Más bien sirven para sembrar inquietud y perplejidad; para pensar que más que un ministro tenemos un opinador que habla de oídas en una tertulia de bajo nivel y que denota un alto grado de irresponsabilidad. Además, con la que está cayendo, apagar un fuego con una lata de gasolina es propio de un pirómano, aunque vaya subido a un coche oficial.

Joaquim Prats, El País, 11/10/2012

 

 

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