Manifiesto: Una izquierda catalana, fuerte y mayoritaria, por una Catalunya constituyente

 

MANIFIESTO UNA IZQUIERDA CATALANA, FUERTE Y MAYORITARIA, POR UNA CATALUNYA CONSTITUYENTE

 

EL PUEBLO DE CATALUNYA HA PASADO DELANTE

El pueblo de Catalunya ha pasado delante. Catalunya ha dado el vuelco. Los acontecimientos de los diez años anteriores y, en particular, de los dos últimos, han acelerado un proceso de toma de conciencia que viene de muy lejos, directamente conectado con nuestra historia colectiva, y que ha adquirido una dimensión social activa y mayoritaria, diversa e inclusiva, profunda e irreversible. La incomprensión, el maltrato reiterado y el rechazo final que han obtenido las propuestas presentadas por los sucesivos Governs y por el Parlament, han hecho que Catalunya transitara, de la frustración y la indignación, a la Clara e incontestable afirmación de su soberanía nacional.

El 10 de junio de 2010, la sociedad catalana, con sus instituciones al frente y con la participación de la gran mayoría de sus fuerzas políticas, se expresaba de forma unitaria y potente contra la sentencia de un Tribunal Constitucional partidista, que completaba la tarea de derribo de la última propuesta de entendimiento formulada desde Catalunya. El Estatut aprobado por el Parlament de Catalunya el 30 de Septiembre del 2005 ya había sido rebajado y limitado en su voluntad de salto cualitativo, tanto en lo que se refiere al autogobierno catalán como al desarrollo del potencial federal y plurinacional de la Constitución pactada el año 1978. Aquella sentencia era un “no” a la voluntad de encaje de la nación catalana en un Estado que reconociera e hiciera suyo el carácter plurinacional, pluricultutal y plurilingüístico de la realidad que incluye. Se añadiría, todavía, la posterior evidencia, sobre todo en el ámbito de la financiación, de que el Estado español ni siquiera respetaba lo que había quedado en pie de aquella propuesta echada a perder. Ello remachó el clavo y decantó definitivamente las cosas.

Pero lo más relevante es que ha sido la propia sociedad catalana, mucho más que el conjunto de sus instituciones y fuerzas políticas, la que ha dicho basta, rehuyendo la tentación de refugiarse en la resignación o en el agravio y la lamentación. Al contrario, se ha puesto en marcha, a lo largo y ancho de Catalunya y en la pluralidad de su abanico social, hasta levantar una inmensa ola de exigencia nacional. La gente, el Once de Septiembre de este año, esta vez sin convocatoria unitaria ni institucional, ha ocupado el centro de Barcelona y ha desfilado hasta la simbólica Ciudadela, hoy sede del Parlament.

 

DEL SENTIMIENTO Y LA VOLUNTAD AL PROYECTO SOLVENTE

El autogobierno como concepto constitucional, cuestionado y superado por la acción contraria de los poderes del Estado español, se ha convertido en deseo colectivo de soberanía y voluntad de “Estado propio”. Descalificado el “Estado compartido” de carácter plurinacional, que Catalunya había creído ver en la Constitución, esta nueva perspectiva aparece, a ojos de muchos, como la única que le queda a Catalunya para hacerse con los resortes que necesita para construir y dirigir su destino colectivo. La manifestación-concetración del Once de Septiembre de este año es la eclosión clamorosa de esta voluntad.

Urge, ahora, que todo el mundo asuma plenamente sus responsabilidades, de manera que Catalunya pueda contar con todo lo que necesita para concretar, dirigir y gestionar su voluntad. Para convertirla en proyecto político democrático y viable. Para darle perspectiva y dotarla de una hoja de ruta seria. No vale columpiarse sobre la ola popular ni instrumentalizarla desde unos u otros intereses de partido. No vale tampoco ignorar las dificultades y los peligros que tenemos por delante, porque sólo podremos superarlos si los abordamos y sabemos afrontar debidamente. Es necesario que Catalunya actúe, desde ahora mismo, con el rigor que lo haría si dispusiera de instituciones de Estado, con la máxima seriedad y eficiencia en todos los ámbitos de su existencia.

En esta dirección, es esencial la unidad de acción de las fuerzas políticas catalanas que estén dispuestas a ello, con una posición compartida que exprese la voluntad de la nación. La fuerza de Catalunya, en los momentos decisivos, ha sido siempre su unidad, su capacidad de sumar. Nada pesa tanto a la hora de la verdad. Y nos hará toda la falta en el camino que iniciamos, en nuestro diálogo inexcusable con España y con Europa.

Sólo así, por otra parte, el proyecto que debemos formular y hacer viable será de toda la ciudadanía y estará a la altura de los verdaderos intereses nacionales de Catalunya. Hoy, sólo un amplio consenso ofrece la fuerza y ​​la garantía necesarias en el proceso constituyente de todo sujeto nacional. También en el caso de la “Catalunya-Estado”.

 

SALIR DE LA GRAVE CRISIS ECONÓMICA Y SOCIAL QUE SUFRIMOS

Este proceso de afirmación nacional se inscribe en un contexto de gravísima crisis económica y social, que ha sido también uno de sus detonantes. Una crisis en la que amplísimos sectores del pueblo de Catalunya, sobre todo los más débiles, se ven atenazados por la angustia y arrastrados hacia escenarios de pobreza. En este marco, el injusto déficit fiscal que Catalunya ha venido sufriendo aparece como una de las causas de los perjuicios económicos y sociales que recaen sobre sus ciudadanos. No se trata de negar la solidaridad: todo el mundo entiende que la solidaridad es irrenunciable y que los territorios más avanzados deben ser contribuyentes netos en favor del desarrollo de los territorios más desfavorecidos. Pero todo el mundo sabe también que esto, como ocurre en toda Europa, no debe hundir a los territorios solidarios ni debe arrastrar a su población hacia cotas sociales inferiores a las que disfrutan los territorios ayudados.

A ello, por supuesto, se suman las políticas de austeridad doctrinaria -inductoras de más recesión y más paro- y de privatización de los servicios públicos, que ponen en peligro algunos hitos irrenunciables del Estado del Bienestar. El déficit fiscal no debe ser la cortina de humo que oculte esta grave responsabilidad de nuestro Gobierno. No se hace Catalunya destruyendo su cohesión social. Esta es, de hecho, condición imprescindible de su cohesión nacional. Por ello, se hace inexcusable hacer frente a las políticas dictadas por la ortodoxia liberal-conservadora, de efectos devastadores, y emprender nuevos caminos en favor de la economía productiva, del crecimiento sensato, del empleo y, no en último lugar, de las reformas destinadas a garantizar la sostenibilidad y la calidad de los servicios públicos básicos. Unas reformas que deben hacerse con el bisturí y no con el hacha, porque deben perseguir el mantenimiento y la ampliación del Estado del Bienestar y no su liquidación en favor del negocio privado.

 

URGE UNA IZQUIERDA CATALANA FUERTE, CAPAZ DE SER MAYORITARIA

Por ello, es vital que Catalunya disponga de un mapa político completo, articulado en grandes opciones ideológicas, políticas y sociales. En este mapa, hoy, se da una notabilísima ausencia: la de una izquierda catalana suficientemente fuerte, con capacidad de gobierno, a la altura de los anhelos soberanos de Catalunya y a la altura del grave reto económico y social que tenemos planteado. Sí, a la altura de ambos, porque la causa nacional y la causa social son, para la izquierda, una misma causa. No hay la una sin la otra. La nación es la gente y, sin cohesión social, la nación se deshace. Del mismo modo, el progreso humano sólo puede alcanzarse desde la mayoría democrática del pueblo y no hay mayoría progresista posible que no comporte a la vez un verdadero proyecto nacional.

Catalunya necesita como nunca una izquierda nacional, identificada con los intereses del país, sin hipotecas en su actuación y en su representación, capaz de constituirse en alternativa al nacionalismo conservador de la derecha. Una izquierda capaz de impulsar un proyecto de futuro que haga suyas las necesidades y esperanzas de la gran mayoría del pueblo, en su diversidad social, cultural y lingüística, que se convierta en un poderoso factor de cohesión social y nacional, que genere identidad compartida de futuro.

La existencia de una izquierda catalana suficientemente fuerte, por otra parte, es un factor decisivo para una acción unitaria de Catalunya, completamente imprescindible en las interlocuciones que Catalunya debe emprender para su ubicación entre los pueblos Europa y del mundo. Sin una izquierda catalana potente, sólo habrá subordinación dentro de un espacio único y un pensamiento único de centro-derecha, seguramente contrapunteado -en una alianza de fondo contra la izquierda- por una derecha españolista polarizada en sentido inverso e interesada en romper la unidad civil de nuestro pueblo. No es el esquema que le conviene a Catalunya, menos en la actual circunstancia: la debilitaría gravemente. Es un peligro que podría frustrar el camino emprendido o resultar un lastre insuperable que se llevaría la “Catalunya-Estado” muy lejos del sueño de la inmensa mayoría de los catalanes y catalanas de hoy.

Nos proponemos, pues, participar activamente en el despertar y la articulación de un amplio espacio político de izquierda, que pueda ejercer de opción alternativa viable y convertirse en la expresión del catalanismo progresista de hoy:

– Un espacio amplio y plural, que necesita contar con un socialismo catalán puesto al día, coherente con sus raíces, a la altura de los retos que Catalunya tiene hoy planteados.

– Un espacio que va más allá del socialismo catalán y que debe contemplar la pluralidad de la izquierda catalana de hoy.

– Un espacio que tiene fuertes raíces en Catalunya, donde ya fue decisivo en el momento constituyente del año 1931, con la instauración de la Generalitat republicana, y en el momento constituyente del año 1977, cuando ganó las primeras elecciones democráticas y exigió con intransigencia el retorno de la Generalitat exiliada, logrando la inclinación favorable del nacionalismo conservador y la aceptación forzada del gobierno español.

– Un espacio que encarnó la regeneración y la transformación de nuestras ciudades y pueblos a partir de la transición democrática y, particularmente, en torno a las transformaciones y el éxito de 1992, donde Catalunya descubrió e hizo suya otra idea de sí misma, abierta, audaz, avanzada, erigida en referencia internacional.

– Un espacio que constituyó ambos gobiernos de Entesa que, junto con el impulso de las políticas sociales, emprendieron la reforma estatutaria que el nacionalismo conservador había dejado de lado.

– Un espacio que comparte plenamente la mejor tradición de la socialdemocracia europea y de las izquierdas democráticas internacionales.

– Un espacio plenamente comprometido con la altísima exigencia ciudadana de regeneración política y democrática: de saneamiento y de exigencia moral, de innovación en los métodos de la acción política, de devolución de competencias de los partidos a la sociedad, de impulso de la iniciativa social y de la participación activa de la ciudadanía en la cosa pública.

 

 

EJES BÁSICOS

La izquierda catalana que hoy se hace imprescindible y que queremos construir debería inspirarse en los siguientes ejes básicos:

 

I. POR UNA AMPLIA MAYORÍA A FAVOR DEL DERECHO A DECIDIR

La evolución plurinacional del Estado español, que parecía contemplada en el pacto constituyente de1978, ha quedado desmentida. Treinta y cinco años después de su aprobación, la Constitución española se ha desarrollado al margen de las aspiraciones nacionales de Catalunya, es decir, en sentido inverso a las potencialidades que justificaron su apoyo. Lo que era un primer paso y un camino en la recuperación de nuestros derechos y aspiraciones nacionales se ha transformado en un techo bajo y en la coartada jurídica para el rechazo sistemático de las ofertas formuladas desde Catalunya.

Es así como la pulsión independentista ha pasado de ser un sentimiento reactivo a ser una voluntad positiva, consciente, plural e integradora; de ser una propuesta minoritaria a ser un factor transversal, compartido por amplios sectores de la población. Es necesario, ahora, que esta creciente voluntad de soberanía sea un proyecto político serio, realista, con recorrido, sin oportunismos ni improvisaciones irresponsables, con todo el cálculo que el caso requiere. Y, con este fin, hace más falta que nunca la presencia activa de una izquierda catalana potente, porque Catalunya sólo dispondrá de la fuerza que necesita si puede contar con la unidad de sus partidos y fuerzas nacionales que se reclaman del catalanismo. Porque la Catalunya-Estado no puede hacerse a la medida única de la ideología liberal de centro-derecha, sino que debe construirse desde la pluralidad.

Ahora, tenemos la obligación de escuchar y servir al clamor de una ciudadanía que ha hablado alto y claro. Es la hora, pues, de crear los escenarios para que el pueblo de Catalunya pueda ejercer democráticamente su derecho a decidir. Y este paso debe hacerse con toda la fuerza disponible, desde la unidad, desde una acción concertada y firme de todo el catalanismo en su pluralidad. La reciente y amplia coincidencia parlamentaria en favor del derecho a decidir es un primer paso importante en esta dirección.

 

II. UN POSIBLE PACTO DE SOBERANÍAS

1. Es a España a quien corresponde ahora mover ficha. El episodio del Pacto Fiscal, muerto antes de nacer, nos muestra, una vez más, la dificultad de cualquier aproximación parcial o de “mejora” de la situación a partir de propuestas catalanas. Se ha invertido la carga de la prueba y, en adelante, ya no valen parches ni somos nosotros los que tenemos que tomar la iniciativa, sino las instituciones y partidos españoles, si es que nos quieren convencer de que hay otro modelo posible. Huelga decir que, si esto finalmente se produjera, habría que poner los cinco sentidos, a partir de las condiciones que nos dicta la experiencia. Catalunya siempre ha querido el diálogo y el pacto. Es el Estado español el que, hasta ahora, ha cerrado la puerta. Entretanto, sin embargo, no hay que volver a sucumbir al hábito de contentarse con el clásico “peix al cove”. Nuestro balance dice que cada acuerdo parcial tiende a ser, para el Estado español, no mucho más que una tregua destinada a retroceder, poco a poco, al punto de partida. Por ello, afirmamos que no debe considerarse ninguna propuesta que no sea global, que no contemple todos los aspectos del encaje nacional de Catalunya.

2. Después de lo andado y a partir de la larga experiencia adquirida, sabemos muy bien cuáles son las necesidades y potencialidades de Catalunya que un nuevo pacto con el Estado español debería satisfacer. En este sentido, formulamos nuestra propuesta: un nuevo pacto con el Estado español debería reunir, de manera inexcusable, las siguientes condiciones:

– Debería tratarse de un pacto de Estado que comportara un pacto explícito y bilateral con Catalunya.

– Debería reconocer a Catalunya como nación y como sujeto de soberanía propia.

– Debería reconocer el derecho de autodeterminación de Catalunya, que podría ser ejercido mediante referéndum convocado por el Parlament de Catalunya.

– Debería contemplarse un esquema competencial inequívoco, en el que Catalunya debería disponer de capacidad decisoria plena en las políticas básicas: educación y salud, cultura y lengua, servicios sociales, industria y empleo, justicia, inmigración, agricultura, representación exterior, deportes y presencia catalana normalizada en las competiciones internacionales. Mientras que serían objeto de decisión compartida el sistema de pensiones y seguridad social, la defensa, las relaciones de España con las instituciones europeas, con las instituciones internacionales y con terceros países, los aspectos comunes de la política inmigratoria.

– Debería suponer la presencia directa de Catalunya en las instancias federales europeas.

– Debería contemplar una Agencia Tributaria Catalana por la que pasara toda la recaudación. Con criterios fiscales compartidos de ámbito español y europeo. Y con su participación en unos mecanismos de solidaridad justos.

– Debería establecerse los mecanismos concretos de corresponsabilidad de la “Catalunya-Estado” en el Estado común español o ibérico.

3. En cualquier caso, es necesario que pensemos en términos de “Constitución catalana” y en la articulación completa del nuevo sujeto político que quiere ser Catalunya, dotado de soberanía propia y con presencia y corresponsabilidad en los otros ámbitos de soberanía en los que participe. Desde este pacto de soberanías, debe procederse, si es necesario, a aprobar una nueva Constitución que lo contemple y que permita recuperar el espíritu que era implícito en el pacto constitucional de 1978, hoy claramente cuestionado y que consistía en un doble compromiso: de la democracia española, con el reconocimiento nacional y el autogobierno de Catalunya; y, de la Catalunya-nación, con la democracia española.

 

III. UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS: EN FAVOR DE LA ACTIVACIÓN ECONÓMICA, DE LA OCUPACIÓN Y DEL ESTADO DEL BIENESTAR

4. Resulta insostenible la deriva destructora del tejido social y productivo de Catalunya que ha acontecido con el actual Gobierno. Hay que impulsar urgentemente políticas alternativas de salida de la crisis, superadoras del actual círculo vicioso, que apunten hacia un modelo diferente de desarrollo, sostenible y regulado democráticamente. Hay que transitar, del dogma de la austeridad, a la recuperación del camino del crecimiento y la creación de empleo. A tal fin, se necesitan políticas de estímulo fiscal y de inversión pública. Se trata de políticas que sólo son posibles en un entorno de confianza y de corresponsabilidad con todos los agentes productivos. Y también con los sectores financieros, debidamente saneados y regulados, responsables aún hoy del estancamiento de la inversión privada y de la sequía casi absoluta en el flujo de financiación ordinaria de las empresas.

5. Es cierto que esta línea de actuación se ve hoy condicionada por decisiones de ámbito europeo y español, pero no lo es menos que el gobierno catalán actual, por acción y por omisión, añade actuaciones que producen más paro, más desprotección social y un grave retroceso en los servicios básicos de educación y de salud. En Catalunya, hay recursos, energías y posibilidades no aprovechados ni reconocidos. Y también la posibilidad de incrementar la presión fiscal sobre los más poderosos y no sólo sobre los más débiles como hace el actual Gobierno.

6. En lugar de refugiarnos en las obligadas medidas de contención del déficit, hay que negociarlas bien y luego respetarlas, acompañándolas con una actuación mucho más adaptada a cada sector, a cada territorio, aprovechando toda su capacidad cooperativa y sus sinergias de conjunto que hoy quedan desaprovechadas y aletargadas. Con una acción adecuada, en estos ámbitos locales y sectoriales, es posible despertar recursos que hoy andan ociosos.

7. La política industrial, tan desacreditada desde las posiciones conservadoras, debe ser puesta en el primer plano. Sectores como la industria agroalimentaria, las biotecnologías o la química-farmacéutica avanzada, esperan apoyo tanto para su crecimiento productivo como para fortalecer y ampliar la penetración en nuevos mercados o la productividad de sus inversiones. Los sectores clave deben ser claramente identificados y reforzados.

8. Tanto como las políticas que producen efectos inmediatos, hace falta una acción decidida para fijar y poner en marcha las reformas estructurales pendientes desde hace demasiados años para construir un sistema productivo que no tenga los pies de barro. Se trata, entre otras, de las siguientes:

– La educación, la reforma de la qual inició el Gobierno anterior, que es un elemento central de toda apuesta de futuro, porque el futuro requiere una ciudadanía suficientemente culta y responsable, suficientemente competente en su campo, en sintonía con una sociedad cambiante , que exige nuevas y permanente modulaciones.

– El conjunto del sector público, de la administración, que debe revisar su concepción organizativa y funcional, así como la calidad de su relación con la ciudadanía y con el mundo empresarial, con el fin de alcanzar unas mayores cotas de eficiencia. Los servicios que constituyen el Estado del Bienestar, particularmente la sanidad (junto la educación ya mencionada), deben ser objeto de un ambicioso esfuerzo racionalizador, con el fin de hacerlos más eficientes y de garantizar su sostenibilidad.

– La Formación Profesional, con la conexión entre formación y trabajo, destinada a superar la actual falta de adaptación a nuestras necesidades ocupacionales y productivas. No se puede aceptar, particularmente en este campo, la ineficiencia social y la pérdida de capital humano que conlleva, siendo ésta la única riqueza natural de nuestro país.

– La investigación y la innovación como inversión determinante de futuro, en el marco de la economía del conocimiento. Con mayor razón, en un país como el nuestro que sobresale en equipos de investigadores-punta, situados en posiciones de vanguardia internacional.

– La creación artística y la producción cultural, en proceso de consolidación entre nosotros y que adquieren también una centralidad creciente en el marco de la economía del conocimiento. Hoy, en grave peligro por la estocada que conlleva la falta de “excepción cultural” tanto en la regresión presupuestaria como en el incremento del IVA.

– El mapa institucional catalán, que pide a gritos una simplificación territorial, destinada a acabar con la actual y absurda superposición de administraciones y a establecer una división regional de acuerdo con las necesidades actuales, a partir de criterios técnicos competentes, que dejen atrás definitivamente los atrincheramientos partidarios interesados que condenan el mapa institucional al inmovilismo y la obsolescencia.

– La colaboración público-privado, fuente de posibilidades inéditas si se establece sobre la base, no del clientelismo y de las relaciones opacas que generan corrupción, sino del proyecto público como garante del interés general y de la calidad.

– La justicia, susceptible de grandes cambios positivos si no estuviera encorsetada por las leyes orgánicas españolas.

– Los sectores que derivan en oligopolios y que representan un lastre costosísimo para las empresas y la ciudadanía.

9. Hay que hacer crecer conceptos como equidad y corresponsabilidad social, introducir ejes de política económica que incorporen los factores ecológicos, de sostenibilidad y de energías renovables. Hay que impulsar políticas fiscales dirigidas a influir positivamente en hábitos y comportamientos de consumo, estrechamente relacionados con la salud pública o el cuidado del medio ambiente.

 

IV. POR LA REGENERACIÓN DE LA POLÍTICA Y LA REFORMA DE LA DEMOCRACIA

10. La regeneración de la política y la reforma de la democracia hace tiempo que se han convertido en un clamor. Actuó de detonante el movimiento de los “indignados”, que supo denunciar las múltiples esclerosis que sufre nuestra vida democrática. Hay que replantearse el funcionamiento del sistema democrático, del conjunto de instituciones, partidos, sindicatos y entidades diversas, sostenidos en buena medida con recursos públicos. Hoy, se encuentran gravemente desgastados por los casos de corrupción que han tenido lugar y por un funcionamiento a menudo endogámico y alejado de la comprensión, del seguimiento y de la participación de la ciudadanía.

11. En el proceso que Catalunya abre, es necesario que éste sea un aspecto primordial y que dé lugar a un debate ciudadano sobre las iniciativas reformadoras a emprender, entre las que, sin duda:

– La promulgación, después de treinta y dos años, de una ley electoral catalana propia, hoy todavía pendiente porque así ha convenido a los intereses partidarios del centro-derecha.

– La reformulación del papel de los partidos políticos, con la devolución a la sociedad de algunas de las funciones que hasta ahora han tenido reservadas, en Catalunya y en España, particularmente las relativas al monopolio en la selección de los candidatos y en la dependencia de los electos.

– El establecimiento de una vinculación y una relación permanente entre los electores y sus representantes democráticos, no sólo en los períodos electorales, sino durante toda la duración de su mandato. Esto debería concretarse en la definición de circunscripciones electorales unipersonales.

– El establecimiento de las listas electorales abiertas o desbloqueadas, de modo que sea el elector el que determine la priorización de los candidatos y candidatas.

– La generalización de las elecciones primarias abiertas, trasladando a la ciudadanía la capacidad de seleccionar los candidatos y candidatas a cabezas de lista del correspondiente espacio electoral, de modo que los aparatos de los partidos dejen de tener el monopolio y el consiguiente control sobre los electos.

– El acceso público al conocimiento y al control de los recursos dedicados al mantenimiento de las fuerzas políticas, con una regulación más exigente.

– La experimentación de nuevos avances en la iniciativa popular y en la participación abierta de los ciudadanos en la toma de decisiones significativas.

– La instauración efectiva de una función de evaluación continua y rigurosa de los servicios y las políticas públicas.

– El impulso de formas de cogestión ciudadana de los servicios públicos, a partir de los usuarios y de los consumidores.

 

Esta declaración se inscribe en un nuevo momento que, como nunca, hace inexcusable la claridad y la definición de posiciones por cuenta de quienes ejercemos responsabilidades políticas o tenemos un cierto ascendiente sobre unos u otros segmentos políticos y sociales. No hay margen para la retórica, para las palabras vacías, para las buenas intenciones inconsecuentes, para el cómodo ejercicio de nadar y guardar la ropa. Catalunya, en este momento decisivo, pide honestidad, franqueza y coraje, más allá de ortodoxias inerciales, de silencios acomodaticios y cautelas conservadoras. Pide que cada uno asuma plenamente su responsabilidad y actúe en consecuencia. Nosotros hemos oído que ésta era nuestra obligación pública y hemos entendido que no nos podíamos desentender de ella. Que haríamos un flaco servicio a nuestro compromiso colectivo si no nos atrevíamos. Sabemos que esta es hoy la mejor manera que tenemos de servir a nuestros ideales.

 

Catalunya, octubre de 2012

 

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