Enric Company: Celtibèric estat de confusió

Es aplastantemente lógico que la ciudadanía que de pronto se descubre viviendo en estado de emergencia económica eche la culpa de sus males a los Gobiernos en plaza. ¿Cómo no hacerlo si, además, los partidos que gobiernan tanto en España como en Cataluña aseguraban que solo ellos, las derechas, tenían la fórmula para superar la crisis? A estas alturas, sin embargo, está bastante claro que ni el Gobierno de Mariano Rajoy ni el de Artur Mas disponen de la fórmula para salir de la recesión.

Uno y otro se dedican con insincero empeño a aplicar la receta de la austeridad presupuestaria, básicamente traducida en recortes de gastos sociales y salarios y regalos fiscales a las grandes fortunas, exigida por autoridades económicas que están fuera de España, en Berlín, Bruselas o en las sedes de los grandes bancos de negocios, en Londres o Nueva York. Pero ambos saben ya, como reconocía hace un par de meses un alto dirigente de Convergència con importantes responsabilidades de gobierno, que “la receta es mala y, por tanto, no puede funcionar”.

Con este eslogan, la denuncia de la austeridad como receta errónea para salir de la crisis económica, ganó el socialista François Hollande las elecciones en Francia antes del verano, pero luego esa victoria ha resultado insuficiente para provocar un giro a la política económica a escala europea que tenga en cuenta las necesidades de los países del sur. No se ha materializado en una propuesta de política económica europea para el crecimiento ni en las reformas institucionales que la hagan políticamente posible, como piden intelectuales alemanes de tanto peso como Jürgen Habermas.

Mientras este giro llega, el espectáculo interno catalán difícilmente puede ser más penoso. Con la recaudación fiscal por debajo de los mínimos necesarios para pagar los salarios, el consejero de Economía, Andreu Mas Colell, ha pasado de solicitar 5.023 millones de euros de un todavía inexistente Fondo de Liquidez Autonómica a mendigar al Ministerio de Hacienda un crédito puente o cualquier otro mecanismo financiero con el que poder llegar a finales de septiembre. Pero el ministro de Hacienda es, todavía, el mismo Cristóbal Montoro que hace un par de meses anunció enfáticamente en el Congreso de los Diputados eso que ahora el presidente Rajoy define como “la realidad” pura y dura: “No hay dinero, señorías, no hay dinero”. Dicha por un ministro de Hacienda, fue una frase para la historia.

Como el Ministerio de Hacienda no tiene dinero y a la Generalitat se le han cerrado los mercados financieros, el Gobierno de la derecha nacionalista catalana dirigido por Mas se encuentra en la contradictoria situación de tener que fiar, no ya su política presupuestaria, sino su mero día a día, su magra tesorería, a lo que buenamente le quiera facilitar el Gobierno de esa España de la que al mismo tiempo asegura que quiere independizarse. Lo que quiera o lo que pueda prestarle, porque la cruda realidad es que este fondo de liquidez no existe todavía, mientras que lo que sí ha comenzado es una angustiosa carrera entre Gobiernos autónomos para ver qué porción le arrancará cada uno. Primero fue Valencia; ayer, Sevilla. Y continuará.

No es, desde luego, el escenario ideal para añadir proclamas independentistas desde Barcelona, por mucho que solo fuera para dar un toque más nacionalista a la conmemoración del Onze de Setembre. Sin embargo, esto es lo que en las últimas semanas impulsa el principal partido del Gobierno catalán, Convergència. Que el sostén parlamentario de este Gobierno sean los diputados del mismo Partido Popular (PP) que presume de su nacionalismo españolista da a la política catalana un punto de surrealismo muy celtibérico.

Para quienes tienen una cierta edad, es un panorama que lleva a echar de menos a figuras del periodismo político como Manuel Vázquez Montalbán o Luis Carandell, que entre otras virtudes tenían la de saber convertir en lecciones morales los aspectos grotescos de contradicciones de este calibre. Que alguien pretenda hacer creer a la ciudadanía catalana que es serio un supuesto proyecto de independencia de Cataluña dirigido por un Gobierno en quiebra presupuestaria sostenido por los diputados del PP, es puro chiste. Es algo digno de Celtiberia Show. Mientras tanto, sin embargo, los recortes sociales no cesan.

Enric Company, El País, 04/08/2012

 

 

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