Lluís Foix. Catalunya: Voluntarisme i realitat

Los Federalist Papers inspiraron la Constitución de Estados Unidos y fueron publicados en varios diarios de Nueva York entre 1787 y 1788 por Alexander Hamilton, James Madison y John Jay. Son reflexiones de estos tres personajes con voluntad de proyección pública en un momento en que se proclamaría la Constitución en Filadelfia. Algo debe tener la Carta Magna norteamericana que ha sido modificada con enmiendas en muchas ocasiones y que ha permitido que en más de dos siglos no se haya perpetrado ningún golpe de Estado ni cambio de régimen. La guerra civil, unos cien años después de la declaración de independencia, fue saldada con cientos de miles de muertos, pero acabó con la paz política entre el presidente Lincoln y el general confederal Lee, que descansa en el cementerio de Arlington con una llama perenne.

Hasta ahora por lo menos, lo que ha permitido el auge y la potencia de Estados Unidos es su flexible fidelidad a una Constitución que ha sido interpretada en el marco social y jurídico de cada momento. Madison, que fue el cuarto presidente, escribió en el papel 51 sobre el equilibrio del Estado hablando de los principios del gobierno limitado, que no es otra cosa que la separación de poderes que ya había enunciado Montesquieu. Madison fue denunciado como un extremista. Thomas Jefferson, el tercer presidente, también fue calificado de radical cuando dijo que el gobierno existe no para conceder derechos a los ciudadanos, sino para asegurar los derechos naturales que son previos a la existencia del gobierno.

Perdonen esta reflexión tan alejada en el tiempo y en el espacio, pero me parece pertinente señalar que cuanto ocurra en los próximos tiempos con las declaraciones idealistas y voluntaristas del Gobierno y de amplios sectores de la sociedad, tendría que tener en cuenta la importancia del derecho y de la realidad. Si un gobierno se manifiesta a favor de la independencia, quiere decir que los puentes están rotos con España y que pueden ser pasos sin retorno. Si no existe un plan alternativo, si Europa no aprueba esta decisión, si la deuda nos sepulta y si no sabemos cómo será el día después, lo más aconsejable sería no apresurarse. El Gobierno no es el dueño del país. Para tomar esta decisión es preciso ir a unas elecciones con este programa. Y, luego, celebrar un referéndum cuanto antes. Es imprescindible.

Lluís Foix, La Vanguàrdia, Foixblog, 21/08/2012

 

 

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