Joaquín Matos: El clot, una metàfora de la realitat cubana

El bache, una  metáfora de la realidad cubana

Para analizar en profundidad la panorámica cubana, su evolución y futuro, no basta con intenciones. Ni siquiera, diría yo, basta con escrupulosos estudios de politología desde un despacho europeo. Habría que pensar desde el punto de vista del cubano, de sus vivencias. Sería preciso aprender a conducir esquivando los baches.

Al regresar de Cuba hace unas semanas, después de visitar a mi familia, en más de una ocasión, mis amigos me preguntaron sobre la situación del país y mi apreciación personal, de lo que se comenta a pie de calle. Por tratarse de un hecho complejo, les prometí abordarlo desde diversas aristas, pues no hay respuesta simple para la cuestión. Me hallaba hilvanando las ideas cuando ocurrió el accidente donde fallecieron Osvaldo Payá y otro dirigente opositor cubano, al impactar contra un árbol el coche que conducía Ángel  Carromero, vicepresidente de Nuevas Generaciones de Madrid.

Más allá de la algazara conspiratoria orquestada en Miami, y amplificada por los medios europeos, las primeras informaciones ya resultaban muy claras para alguien que ha vivido en Cuba. Los muertos eran los dos cubanos que viajaban detrás. Antes de que se confirmaran los detalles, era evidente que, como cualquier hijo de vecino en la isla, no llevaban el cinturón, que no es obligatorio allí, por la sencilla razón que un alto porcentaje del parque vehicular está rodando desde antes de que existieran  estos medios de seguridad. El conductor era extranjero y se presumía su desconocimiento de cómo se conduce allí. Porque es un record cubrir casi 800 kilómetros por aquellas carreteras en apenas ocho horas y con tres paradas intermedias, según declararon ellos mismos.

Aprender a conducir en Cuba, el conocimiento de las reglas de tránsito, el manejo del vehículo, las nociones de mecánica y otros aspectos, requiere del dominio de la esquiva y de la intuición. El mal estado de las carreteras convierte al conductor en recortador taurino, con la diferencia que la bestia, es el bache. Hay que ser un  hábil sorteador de baches para no cargarse los amortiguadores, o peor, salirse de la vía. Puede ser una grieta a causa de la lluvia, un badén  por  fallo del firme, o una tapa de alcantarilla sumergida bajo sucesivas capas de asfalto. Ni hablar de animales sueltos, ni de tractores o carretas que suelen circular por las carreteras. No en balde a los turistas se les advierte la conveniencia de moverse con choferes nativos. Llevo viviendo una década en Cataluña y os aseguro que mucho tardé en controlar el impulso  de evitar las tapas de claveguera, al conducir por la Diagonal.

Algo tan elemental, allí, ignoró Carromero en su rocambolesca misión. Supongo que para él sería esto un nimio detalle, si antes se saltó a la torera muchos aspectos imprescindibles, al acometer una tarea digna del mejor James Bond. Ingresó al país con visado de turista y  se dedicó a otras actividades, violando las leyes por las que pudiera ser juzgado. Pienso que más que de la inexperiencia, este joven fue víctima del pensamiento simplista y de la arrogancia, algo que suena familiar tratándose de un delfín de la cantera del PP. No me detendré en la caracterización del personaje, se pueden leer en el BOE sus problemas con Hacienda y la DGT. Menudo espécimen en la manada de  aspirantes a gobernar este país en un futuro cercano.

Si quienes le dieron la encomienda de  financiar y organizar una red juvenil opositora en Cuba no le advirtieron de las características del terreno, es otra  muestra de la ceguera con que se hace política desde Génova y sucursales. El jefe de Ángel  Carromero, Pablo Casado, Presidente de Nuevas Generaciones del PP y asesor de Aznar en FAES, pudo haberle enviado a contactar con la ciudadana española radicada en Estocolmo, Muriel Aguado, y con su acompañante en el aciago viaje iniciático, el joven Aron Modig, perteneciente extrema derecha sueca. Es conocida la activa participación de Suecia en el ámbito europeo cuando  de  presionar a Cuba se trata. No les parece demasiado estrepitoso el fracaso del embargo norteamericano durante medio siglo y aun apuestan por la aznariana Posición Común, redactada con puntos y comas, a orillas del Potomac.

Como elefante en cacharrería, el rapaz no hizo más que abarrajar el mecano construido por la derecha europea a rebufo del Tío Sam. Ha conducido a la desaparición  física de tal vez la única figura con credibilidad para Bruselas dentro del fragmentado gallinero de la disidencia, sin ignorar que es la derecha quien campea  en los predios europeos. Ya era conocido de Osvaldo Payá, su método paciente y conciliador, su oposición a cualquier radicalización proveniente de la Florida y  sus opiniones críticas a la Iglesia. Era muy reprobado por el ala más rancia de los disidentes, dentro y fuera del país, lo que lo convertía de facto en un elemento a tener en cuenta ante una hipotética transición al estilo de lo que promulga la Unión  Europea.

En otras palabras, para analizar en profundidad la panorámica cubana, su evolución y futuro, no basta con intenciones. Ni siquiera, diría yo, basta con escrupulosos estudios de politología desde un despacho europeo. Habría que pensar desde el punto de vista del cubano, de sus vivencias. Sería preciso aprender a conducir esquivando los baches.

Joaquin Matos, 22/08/2012

 

 

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