Joan Majó: Què és reactivar?

Sé que usted está preocupado por la crisis. Ha cambiado sus expectativas para los próximos años y ha producido una sensación de inseguridad que afecta a sus comportamientos económicos. Ha significado una mayor reflexión ante su habitual nivel de consumo, que recientemente aunque no fuera suntuoso, tampoco era necesario. Ha sido una buena consecuencia de su reflexión, que ayudará a salir de la burbuja en la que vivíamos, y a comprender que no es bueno utilizar excesivamente el crédito, sobre todo para temas de consumo.

Pero también sé que su vida no ha estado fuertemente afectada por la crisis. No ha perdido su trabajo y la empresa en la que trabaja no está en peligro. Su sueldo no ha aumentando como lo hacía en los años anteriores y hasta es fácil que esté congelado algún tiempo, pero lo conserva y tampoco se prevén grandes aumentos en los precios. Deberá renunciar a algunos gustos, pero no afectará a sus consumos básicos.

También sé que usted ha conseguido reunir en sus años de trabajo un pequeño patrimonio. Un piso ya pagado y algunos ahorros en metálico. El “valor de mercado” de su piso ha bajado bastante, pero solo le afectaría en el caso de verse obligado a venderlo, cosa que no cree que suceda. Y sus ahorros en dinero, excepto si le han aconsejado mal al invertirlos, están garantizados.

Si todas estas cosas que yo sé de usted son ciertas, sea usted prudente, actúe con menos confianza en el futuro de la que ha tenido en los últimos años, pero, por favor, no caiga usted en la depresión psicológica en la que nos están hundiendo algunos Gobiernos, las autoridades europeas y los “mercados financieros”. Si no evitamos que la depresión psicológica se extienda… ¡la depresión económica está garantizada! Le propongo un ejercicio.

Piense usted si puede gastarse una pequeña parte de sus ahorros en algo que le sea de utilidad y que hace tiempo que necesita. Busque algo que sea más un servicio que un producto, porque así la mayor parte del dinero del que usted se desprenda irá a parar a otras personas (más que a pagar “materiales”) que, a su vez, podrán volverlo a utilizar… De las cosas que usted me comentó, es mejor que vaya al dentista y no a comprase un iPad. Si el tratamiento dental le cuesta 3.000 euros, y si el dentista también actúa como yo estoy pidiendo, es probable que cuando usted le pague, él decida gastar 2.500 en pintar las paredes de su casa que hace tiempo que lo reclaman; y puede que el pintor cuando cobre dedique 1.500 euros a alquilar una pequeña casa rural para pasar un fin de semana con su familia, con lo que al encargado del hostal cobrará tres días de servicio y podrá gastar dinero en la carnicería y en la verdulería del pueblo… Es muy difícil de calcular, pero, seguramente, los 3.000 euros puestos en circulación por usted habrán hecho aumentar el PIB del país en más de 10.000. Si, además, y no pido imposibles, las transacciones han sido legales, la recaudación del IVA aumentará en unos 2.000 euros, y ello ayudará a no tener que despedir maestros ni cerrar camas de hospital. ¡Usted tendrá su boca sana y habrá contribuido a la reactivación de la economía!

Si quiere dar un paso más, en lugar de utilizar esta pequeña parte de sus ahorros comprando un servicio, entréguela a una ONG que la haga llegar a personas que no tienen ni ingresos ni ahorros y, por tanto, no consumen casi nada. El efecto multiplicador del consumo generado seguramente aún será mayor, y su contribución tendrá, además, una dimensión de solidaridad que en estos momentos nos exige la justicia. ¡Se quedará usted más satisfecho!

Reactivar la economía es urgente ya, que si el consumo se sigue hundiendo, ninguno de los demás problemas se resolverá. No es, ni mucho menos, el único problema, pero es el más inmediato, ya que lo más grave de nuestra deuda es la imposibilidad de ver de dónde saldrá el dinero para devolverla si no hay actividad económica y no se reduce el paro, es decir, si no hay reactivación.

Ya sé que lo que le estoy pidiendo deberían haberlo hecho nuestros Gobiernos, pero no lo han hecho por dos razones. Porque no tienen dinero y no quieren pedirlo, ya que están muy endeudados. Y por una increíble obcecación en la austeridad, como única forma de resolver nuestros males. Usted y algunos millones de conciudadanos que se encuentran como usted, tocados pero no vencidos, pueden suplirles actuando con racionalidad y responsabilidad.

Joan Majó, El País, 18/07/2012

 

 

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