Ana Oramas: Aplausos que duelen

Ni las lágrimas contenidas de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros celebrado el pasado viernes, harán olvidar el dolor causado a la inmensa mayoría de los españoles por los prolongados aplausos de los diputados y diputadas del Partido Popular tras el anuncio de los mayores recortes de nuestra democracia por parte de Mariano Rajoy.

Como diputada, fui testigo en el Congreso de una de las escenas que quedarán grabadas en la memoria de muchos de nosotros no sólo por la estampa de todos los diputados del PP en pie vitoreando a Rajoy sino por las catorce veces que interrumpieron su discurso para aplaudir medidas que abofetean a muchos ciudadanos y, sobre todo, a los parados y a los pensionistas.

Los aplausos en la bancada popular en los momentos más duros de nuestra democracia y nuestra economía demuestran la ausencia de sensibilidad de un partido que, cada día, se aleja más de la sociedad y de los ciudadanos, incluso de aquellos que confiaron ciegamente en ellos para dar un giro a una economía cuyos indicadores son mucho peores que en noviembre de 2011.

Sin olvidar las expresiones y los insultos vertidos por parte de una diputada del Partido Popular, que por dignidad y respeto a los ciudadanos tendría que haber presentado su dimisión o, como mínimo, haber pedido disculpas a los parados a los que se refirió con tres palabras que prefiero omitir en mi artículo.

El Congreso fue el pasado miércoles un circo de aplausos y reproches, mientras en la calle, en las casas o en cualquier puesto de trabajo el semblante de los ciudadanos era muy distinto. Nada que ver con las risitas y los vítores protagonizados por quienes demostraron con sus gestos que son ajenos al drama que viven muchas familias en este país.

El pasado miércoles no había nada que festejar. Rajoy nos presentó, sin inmutarse, los mayores ajustes de nuestra democracia. Y lo hizo sin hablar previamente con ninguno de los portavoces parlamentarios ni con los presidentes autonómicos.

Fue un discurso cargado de recortes, pero exento de las palabras que todo ciudadano espera oír de sus representante cuando se desdicen de lo que prometieron. Ni un solo perdón, ni una sola disculpa. Más de lo mismo. La herencia y las exigencias de Europa volvieron a ser los argumentos esgrimidos por Rajoy para imponernos recortes que empobrecerán aún más nuestra economía y asfixiará las esperanzas de quienes ya lo han perdido todo.

Especialmente cruel fue cuando dijo que, a partir del sexto mes, los desempleados verán mermados sus ingresos con el objetivo de incentivarles a que busquen un puesto de trabajo. Cruel porque tan sólo tres minutos antes había dicho que en los próximos tres años no se prevé crear empleo.

No sabemos si estas medidas serán las últimas a corto plazo ni hasta cuándo se prolongará una agonía y una angustia que atormenta y paraliza a muchos jóvenes y desempleados.  Muchas preguntas sin respuestas de un Gobierno que no nos infunde ninguna confianza y que se dirige a nosotros como si fuésemos unos indisciplinados a los que hay que castigar y martirizar por nuestra supuesta irresponsabilidad en la época de bonanza.

El Gobierno ha decidido dar un paso más allá de lo permisible y borrar las líneas rojas que todos habíamos establecido como infranqueables. En el caso de Canarias, nos quitan además las ayudas para políticas activas de empleo y muchas transferencias previstas para 2012 serán suspendidas sin tener en cuenta nuestras especificidades.

El diario de sesiones del Congreso de los Diputados señala al término de la intervención de Rajoy lo siguiente: “Prolongados aplausos de las señoras y señores diputados del Grupo Parlamentario Popular, puestos en pie”. Prolongados aplausos que contrastan con el duelo que se instaló en ese mismo momento en muchos hogares.

Blog de Ana Oramas

You must be logged in to post a comment Login