Oriol Bohigas: “Passant comptes. Dietari de records”

Oriol Bohigas, entrevistat per Maria Eugència Ibáñez: “Passant comptes. Dietari de records”

El arquitecto Oriol Bohigas (Barcelona, 1925) se ha tomado con calma la redacción de sus peculiares memorias. Publicó el primer volumen, Combat d’incerteses, en 1989, volumen dedicado a recuerdos de la niñez y juventud, reincidió tres años más tarde con Dit i fet, volumen en el que plasmó recuerdos entre los años cincuenta y noventa y, a partir de ahí, se ha tomado un largo descanso hasta publicar el tercer volumen, Passar comptes, breve dietario de apenas 150 páginas en el que vierte recuerdos a lo largo de 68 días del periodo comprendido entre el 21 de agosto del 2007 y el 14 de julio del 2011. El libro tiene un poco de todo, reflejo de la intensa vida de su autor, miembro fundador de Edicions 62, director dela Escuela Técnica Superior de Arquitectura, delegado de urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona, concejal de Cultural, presidente del Ateneu y parte importante en la transformación de Barcelona a partir de las primeras elecciones democráticas municipales de 1979. En Passar comptes, Bohigas reflexiona sobre arquitectura, comenta la salud cultural del país y opina sobre política y los políticos para llegar a la conclusión de que la independencia es la mejor vía para que Catalunya resuelva sus problemas. Y todo ello en un tono sosegado, tranquilo, porque el libro, a fin de cuentas, no es un pasar cuentas con nadie.

Con Bohigas hemos mantenido una larga y fructífica entrevista, que reproducimos a continuación.

Han pasado once años entre el segundo volumen de sus memorias, Dit i fet, y este, ¿por qué tanto tiempo?
No tenía la intención de continuar indefinidamente las memorias, pero además, han sido años de mucho trabajo, en el despacho, en el Ateneu; cuando llegó la calma me di cuenta de que me quedaban muchas cosas por explicar, mi implicación en revistas de arquitectura, mi presidencia en el Ateneu, lo que había pasado en el Ayuntamiento, y retomé el diario, aunque ha resultado muy irregular porque transcurren semanas sin que anote una sola línea.

¿Con quién pasa cuentas?
He intentado buscar un título un poco atractivo, pero mi intención no es rendir cuentas con nadie ni contra nadie, sino recoger vivencias, explicarlas y dejar constancia de mi opinión.

El título del libro induce al lector a esperar duras críticas y revelación de situaciones nunca explicadas, pero lo cierto es que mantiene un tono casi amable con la mayoría de los personajes citados. Las críticas, más que leerlas, se intuyen.
Me apetecía afrontar el dietario con un tono crítico más elevado, pero hubiera necesitado más tiempo y soy algo perezoso. A veces me canso de mantener conversaciones amenas, divertidas, estoy harto de quedar bien, de decir que fulanito es una buena persona, que menganito es un gran arquitecto cuando en realidad no pienso lo que digo. No sé si un día me atreveré a escribir con más sinceridad.

En el libro insiste una y otra vez en que Catalunya y España ya no se entienden.
Desde España ni se entiende ni se acepta nuestra voluntad de independencia, que queramos separarnos, lo que no implica que debamos mantener una actitud permanente de hospitalidad y enfado. Creo que los catalanes estamos actuando con responsabilidad porque no hemos hecho una política de movilización del país. Desde Madrid se ha hablado con frecuencia de una España como suma de naciones, de intereses nacional en red, pero nunca lo han puesto en práctica, nunca se ha planteado la posibilidad real de una Catalunya dentro de España como unidad federativa, y ya estamos cansados, y cuando uno está mal en un sitio ¿qué hace? Pues se va.

¿Qué se ha hecho mal desde Catalunya?
Muchas cosas, hemos hecho siempre un alarde de victimismo, nuestra historia está plagada de derrotas, nunca hemos ejercido una política fuerte, nos ha asustado generar polémicas, crear problemas, hemos callado en demasiadas ocasiones, nos ha asustado plantear con seriedad la independencia, intermedia o total. Siempre hemos callado.

Esa incomprensión entre España y Catalunya ¿es de origen económico o cultural?
Ambos. Por lo que respecta a Catalunya, los reparos económicos se basan en el miedo a ganar la batalla, el miedo a lograr una propuesta estructural catalana. En los ambientes que yo frecuento, incluso en la calle, veo un ambiente a favor de una mayor autonomía, de independencia, pero el voto de esa gente no es coherente con ese criterio. Hay miedo de carácter puramente económico a que un rompimiento con España pudiera acarrear problemas, y como somos un país conservador y cobarde nos vamos conformando con lo que tenemos.

¿Ningún presidente de los gobiernos españoles de la democracia han sido capaces de comprender a Catalunya?
Ninguno, y tal como estamos no veo que pueda salir esa figura porque un país que funciona con el bipartidismo PSOE-PP tiene como principio básico, como obsesión estética y moral, la unidad española, y ahí no caben aspiraciones de independencia.

Sus referencias a los partidos políticos catalanes se limitan, casi en exclusiva, al PSC, del que afirma con insistencia que necesita una refundación ¿por qué?
Es un partido que no tiene la más mínima voluntad ni posibilidad de avanzar en los temas que son de vital importancia para el país. En Catalunya tenemos tres partidos de izquierda y parece que nos tenemos que conformar con ellos porque los restantes son claramente anticatalanistas. Si Catalunya quiere tener un día un nivel de Estado debería tener partidos catalanistas de izquierdas y de derechas, pero ocurre que, en la actualidad, el PSC está pendiente de Madrid, ERC es un partido minoritario y otro tanto ocurre con ICV, y el PP de catalanista nada de nada.

Su trayectoria en el Ayuntamiento de Barcelona permitía esperar que su libro dedicara más espacio a analizar lo ocurrido en el municipio en los últimos años, pero lo cierto es que toca el tema de refilón. Sí hace referencias a su relación con el alcalde Pasqual Maragall, a quien usted plantó dos veces, primero como concejal y después como delegado de cultura. ¿Era difícil tratar con Maragall?
Lo mejor de Maragall es que fue un alcalde brillante, probablemente el mejor de la democracia, con ideas muy claras sobre Barcelona, sobre Catalunya, capacidad de ilusionar y mostró actitudes de político de izquierdas, pero tenía un único defecto: era muy difícil tratar con él, no por su carácter, que era buena persona, sino por su irregularidad en las decisiones que tomaba o quería que se tomaran. Vivíamos en ascuas, sin saber cómo reaccionaría. Pero, en cierta manera, ese fue también un aspecto positivo; querías concretar con él un tema importante y quedaban las cosas pendientes, pero era capaz de pensar en las personas. Era un hombre irónico, una característica que también mantuvo Narcís Serra en el trato habitual, que te desorientaba porque no sabías nunca hacia donde quería ir. Con este alcalde teníamos casi cada semana una comida para tratar temas importantes, pero podíamos pasar una hora y media hablando de música, historia o literatura y al llegar a los postres empezábamos con lo que teníamos pendiente.

¿Cuál es su opinión sobre Pasqual Maragall presidente de la Generalitat?
Es muy fácil criticar esa etapa de Maragall que, en mi opinión, fue defectuosa en muchos aspectos aunque analizada con perspectiva se puede decir que hizo tres o cuatro cosas que nadie hasta entonces había hecho y con las que atinó, como el Estatut o la defensa de la identidad catalana. Ha sido el único presidente de la democracia que asumió aspectos concretos como la independencia y la financiación, y si no salieron como debieron salir no fue por culpa suya sino porque la relación entre España y Catalunya no lo permitió. El balance de las cosas que planteó puede no ser muy positivo, pero nadie antes las afrontó. Pujol no se atrevió nunca a cambiar el Estatut. El programa de Maragall fue muy brillante, quizá en lo básico no lo pudo sacar adelante, pero marcó el camino de la ideología catalanista hacia la independencia.

¿Qué tal lo hicieron los alcaldes Joan Clos y Jordi Hereu?
No fueron alcaldes muy brillantes, no evidenciaron ideales concretos pero su actitud personal me agradó porque tuvieron autonomía de pensamiento. No se ha valorado lo suficiente que Clos saneara la hacienda municipal, que dejara a Barcelona en buenas condiciones para capear la situación de crisis que ahora padecemos, porque el ayuntamiento está diez veces mejor a nivel financiero que la Generalitat. Y Hereu, bueno, llegó a la alcaldía en el peor momento de su partido, cuando este ya no tenía ideólogos ni ideas propias sobre la ciudad, y la verdad es que el alcalde tampoco las tenía y si las tuvo no estaban en consonancia con las del resto del PSC. El mandato de Hereu fue poco eficaz y el hecho de que no consiguiera la reelección demostró que los barceloneses estaban muy alejados de los intereses ideológicos del alcalde.

¿El Fòrum fue un fracaso?
Es un buen ejemplo de lo que a veces ocurre en Barcelona porque creo que fue una de las cosas más positivas que se han hecho en Barcelona, aunque también pueda considerarse un fracaso porque no se ha interpretado como lo que en realidad fue: el establecimiento de un nuevo sistema de servicios de Barcelona. Muchas ciudades colocan todas sus porquerías —centrales eléctricas, incineración de basuras, depósitos de restos urbanos— donde no se vean, en el extrarradio, fuera de su término municipal, al tiempo que limpian el centro urbano. Barcelona hizo todo lo contrario, tomó una decisión histórica importante al recuperar la zona del Fòrum y mantener esos servicios en el centro, porque el Fòrum es el centro del área metropolitana más próxima, una zona con una arquitectura moderna y en algunos casos rompedora.

¿Y dónde estuvo el fracaso del Fórum?
Se explicó mal, se vendió como unos Juegos Olímpicos o una Exposición Internacional, temas culturales, conferencias y millones de visitantes que vendrían a Barcelona y no se dijo nada de la regeneración de un barrio, de la configuración técnica y urbanística de la ciudad. Lo que se hizo para los Juegos Olímpicos funciona, mejor o peor, como un barrio de la ciudad, pero el Fòrum no funciona como un barrio más, funciona como un espacio sin tradiciones ni raíces geográficas físicas o comerciales con la ciudad.

La primera vez que dejó el ayuntamiento fue con Mercè Sala (ya fallecida), como teniente de alcalde de urbanismo, es decir, su inmediata superiora. ¿No trabajaba a gusto con ella o, simplemente, le cuesta aceptar las decisiones de los políticos?
No me entendía con la señora Sala, eso es verdad, pero el tema fue la organización de los servicios de proyectos urbanos para evitar la dispersión en la toma de decisiones que daba como resultado espacios urbanos descompensados, con añadidos debidos a la intervención de diversas áreas municipales. Creamos la Oficina de Proyectos Urbanos para centralizar todo el proceso, desde el proyecto inicial hasta la pavimentación y el alumbrado. Cuando Mercè Sala quiso volver a la situación anterior, mi entusiasmo se vino abajo y decidí marchar porque lo que estaba en juego era una cuestión de concepto. Mercè Sala veía el urbanismo como una interacción económica, trataba los proyectos urbanísticos desde el punto de vista de la economía y en una ciudad hay que tener en cuentas otros puntos de análisis.

La segunda vez que dejó plantado a Maragall fue como concejal de cultura. En el libro afirma que, en ocasiones, ni siquiera podía decidir el destino del presupuesto que le habían asignado.
El problema no fue tan solo el reparto del presupuesto que, bien, en el contexto del ayuntamiento podía ser aceptable, sino que decidir, por ejemplo, traspasar el importe de una obra importante a otra menor resultaba imposible porque algunas decisiones urbanísticas se tomaban en la calle Nicaragua (sede del PSC) y yo allí no tenía influencia porque nunca tuve el carnet socialista; quizá me equivoqué y si me hubiera afiliado al PSC hubiera podido intervenir en las decisiones que se debían tomar.

¿Quiere decir que los alcaldes socialistas de Barcelona supeditaban su gestión a las decisiones del partido?
A mi me llegaba todo hecho, este es el presupuesto de cultura, tanto para esto, tanto para lo otro, pero nadie me explicaba cuál era la política cultural del partido, si se trataba de mejorar el Liceu o quizá construir un auditorio más modesto, no se sabía cuáles eran las líneas generales con las que se debían confeccionar los presupuestos. Lo cierto es que, en este país, tanto la derecha como la izquierda, unos y otros, cuando confeccionan los presupuestos siempre ahogan la cultura.

Durante muchos años ha formado parte de la transformación de Barcelona. ¿Cometió algún pecado del que deba arrepentirse?
No, no estoy descontento de casi nada. Estoy más orgulloso de aquellos proyectos que partieron de cero y que acabaron bien, comola Villa Olímpica, y lo único que criticaría de aquella época es que se hizo poco. Con anterioridad a los Juegos Olímpicos llegamos a tener cien proyectos de plazas y calles de barrios en marcha, y eso era mucho, pero tras 1992 quedaron cosas pendientes; no se afrontaron temas como la Barceloneta, el área metropolitana, el centro histórico, y no se resolvió, ni mal ni bien, porque no se hizo nada, la relación de la ciudad con los municipios metropolitanos y las comunicaciones ferroviarias. El transporte público apenas mejoró; se construyeron los cinturones de ronda para el transporte privado, que eran muy necesarios, pero se olvidó el transporte colectivo. Hay una larga lista de cosas que quedaron pendientes, y así siguen.

¿Qué debería hacer hoy Barcelona?
El futuro depende de cómo se organicen Barcelona y los municipios de su entorno inmediato. Hay que suprimir la actual estructura que ahora no define con exactitud a quién corresponden determinadas competencias. El área metropolitana es un territorio único, pero los municipios, en conjunto, no funcionan como una única ciudad. Considero que lo ideal sería dar a esos municipios la organización de una ciudad con una única autoridad política, pero dividida, diversificada y con autonomía, es decir como si fueran distritos de Barcelona pero con su concejal elegido por los ciudadanos y una persona, el alcalde de Barcelona, como representante de todos. En resumen, creo que hay ciudades metropolitanas que no tienen otra solución que integrarse en Barcelona como distritos y que todos, tanto el que se llame L’Hospitalet, como el que se llame Eixample, gocen de autonomía administrativa y funcional, con el ayuntamiento metropolitano consecuencia de una confederación de municipios.

A los últimos alcaldes de Barcelona les cuesta tomar decisiones sobre algunos temas. Empecemos por el paso elevado de Glòries. ¿Qué opina usted, demolición o continuidad?
Tengo dudas, pero me inclino por su mantenimiento porque desde el punto de vista económico y ecológico el derribo es una barbaridad, ¿qué se haría con tantas toneladas de hormigón y cómo y dónde se trasladaría? La sostenibilidad de esa operación sería cero. Por otra parte, sí creo que hay razones para que los coches no pasen por ese anillo, que se podría convertir en una pista de bicicletas. Una decisión positiva sería mantener el paso elevado, ahora bien, si es tan molesto para los vecinos, cuya postura me parece un poco egoísta, que se haga una barrera de insonorización o que los coches pasen por abajo y que aquello sea una jardín colgante, siempre hay soluciones ingeniosas para todo. Lo correcto sería convocar un concurso internacional y que de ahí surgieran ideas para saber qué se debe hacer y cómo debe hacerse.

Los puestos de la Rambla y su masificación turística.
A pesar de las protestas que ha habido y de los consejos sensatos de gente que sabe de qué habla, el ayuntamiento no ha hecho nada para mejorarla Rambla. Hayque analizar a fondo qué hay que hacer en ese punto de la ciudad, pero parece elemental que lo primero debe ser retirar de ella muchas cosas. ¿Qué sentido tienen los puestos de helados y artesanía rancia en el paseo? Los kioscos de prensa bien, pero con la variante de que continúen como puntos de venta de diarios y revistas, porque ahora tienen de todo, y la misma exigencia para los puestos de flores, que no se extendieran tanto, menos trastos. Y las estatuas humanas fuera, por supuesto, yo las trasladaría al Paral.lel, una avenida que veo destinada a actividades lúdicas, teatros y representaciones en la calle. Hay un grupo de gente vinculada al Molino que está planteando dar un nuevo aire a la avenida y quizá habría que tenerlos en cuenta. Si las estatuas humanas estuvieran en el Paral.lel se diversificaría la presencia de turismos en la Rambla, que ahora es excesiva.

¿Qué hacemos con el tramo polémico de la Diagonal, entre Francesc Macià y paseo de Gràcia?
La consulta que organizó Jordi Hereu fue un error desde todos los puntos de vista: no provocó entusiasmo ciudadano, más bien todo lo contrario, y las dos preguntas que se formularon estaban equivocadas, porque en la Diagonal no caben tantas cosas, tranvías, coches, peatones, bicicletas, autobuses… imposible. Se tenían que haber trabajado más las posibilidades de actuación y analizar a fondo si es tan necesario que el tranvía pase por la Diagonal. Yo no sé contestar ahora si debe circular o no por ahí, pero no parece que sea fundamental y quizá la solución esté en otras calles del Eixample, porque, insisto, en la Diagonal no cabe. La Diagonal necesita algo parecido a la Rambla, limpiarla un poco; el paseo central es ahora, básicamente, un aparcamiento de motos.

¿La ampliación del campo del Barça y los consiguientes cambios urbanísticos en aquella zona de Les Corts?
No entiendo por qué el Barça necesita un campo nuevo, ¿qué le pasa al actual? ¿es pequeño? Pero si nunca está lleno. Quizá algunas mejoras, pintar, materiales de más nivel, pero el edificio está muy bien, fue en su día uno de los mejores estadios del mundo, innovador por su forma y derribarlo ahora no me parece sensato.

¿EuroVegas?
En principio estoy en contra, pero lo digo con ciertos problemas de conciencia porque, en la situación de crisis económica que vivimos, rechazar un proyecto que podría suponer un respiro económico resulta un poco duro. Pero, si no es por ese motivo, no creo que EuroVegas sea el futuro que queremos para Barcelona. Si nos atenemos a todo lo que hasta ahora se ha publicado, ese complejo de juego puede ser algo horrible, mal situado, con edificios de mal gusto, pero también podría ser un conjunto bien planificado. Según sea el proyecto, la ciudad puede ganar o perder.

Afirma en su libro que la política de vivienda del ayuntamiento ha estado mal planificada. ¿Cuál ha sido esa política?
Lo cierto es que no ha existido una política municipal de vivienda, o ha sido poco eficaz, planteada con poca decisión y con escasa planificación. Desde Porcioles, en la etapa de las grandes emigraciones, no ha existido una verdadera política en ese ámbito. Pero lo que hoy me preocupa de verdad es que desde hace dos años nadie habla de ese tema, como si no existiera el problema de la vivienda. ¿Qué pasa, ya no nos importa que haya gente que viva en barracas, sean estas cómo sean? Creo que la crisis económica ha borrado la existencia de otros problemas, aunque sigan siendo reales.

Critica a los arquitectos estrella porque dice que sus proyectos se olvidan del espacio urbano.
Se ha producido un abuso a la hora de encargar proyectos a esos arquitectos estrella, elección que unas veces ha ido unida a la especulación del terreno, en otras a una promoción publicitaria que no se adecua a la realidad de la ciudad y, en ocasiones, a un desconocimiento total de los problemas del entorno del edificio proyectado. Esos arquitectos estrella también tapan salidas a arquitectos jóvenes de calidad. Pero con todo lo anterior no quiero olvidar que yo fui uno de los que contribuyeron a que vinieran técnicos extranjeros a dejar sus obras en la ciudad, por ejemplo en el Anillo Olímpico de Montjuïc, cuando convocamos un concurso internacional que con diversas proyectos ganaron Isozaki, Gregotti, Correa, Milà y Bofill. Creo que ese fue primer intento de traer arquitectos de calidad internacional y el resultado fue muy bueno.

¿Qué rechaza de lo último que se ha hecho en Barcelona?
No rechazo ninguno de los grandes proyectos, ni la torre Agbar, ni parque de no sé qué; rechazo aquello de lo que nadie habla, la mala arquitectura, lo que se hace en Nou Barris, lo que se hace en Sant Boi, esa arquitectura anodina, que no aporta nada, que nadie sabe qué arquitecto la firma.

Dice en un pasaje de su libro que estaba convencido de que Antoni Vives tenía capacidad para convertirse en un motor de grandes operaciones urbanísticas. ¿Sigue pensando lo mismo un año después de su nombramiento como tercer teniente de alcalde de Barcelona y responsable de Habitat Urbà?
Le veo con frecuencia porque formo parte de una comisión asesora del ayuntamiento y me parece que sigue estando muy entusiasmado, pero lo cierto es que no concreta, quizá no puede hacerlo por dificultades económicas o por lo que sea, pero no parece que la energía inicial haya encontrado vías de realización.

¿Por falta de ideas o de medios?
Por falta de sistemas operativos, porque el Ayuntamiento de Barcelona es muy complicado. En mis tiempos yo ya me quejaba de lo difícil que era sacar adelante una pequeña plaza en Poble Sec y supongo que todo debe seguir igual. Los grandes proyectos de Barcelona salieron adelante porque funcionó el entusiasmo institucional colectivo de los Juegos, entonces había un proyecto común, pero la situación ha cambiado.

¿Está diciendo que en el Ayuntamiento de Barcelona falta entusiasmo?
Falta entusiasmo y existe el problema a medio y largo plazo de saber qué hay que hacer en la ciudad.

¿Qué opinión le merece Xavier Trias?
Soy partidario de Trias; es una buena persona.

Pero a un alcalde no se le vota solo porque sea una buena persona.
Sí, es cierto, pero solo hasta cierto punto, porque la inmoralidad sistemática de los políticos conseguirá que la gente no se plantee votar a un socialista, un convergente u otro del PP, sino optar por alguien que no robe. Trias tiene un toque noucentista que a mi me cae bien, buena educación general, un cierto barcelonismo tradicional, pero todo eso debe ir ligado a un empuje ejecutivo fuerte que no sé por donde pasa en las decisiones de poder. Me dicen que hay muchas cosas en marcha, en preparación, pero no veo dónde están.

¿Lo está haciendo bien Artur Mas?
Es imposible hacerlo bien. Me pierdo ya con los problemas económicos, pero vivimos una situación muy grave y no sé qué es gobernar bien cuando se tienen tantos problemas económicos. En estos momentos, la Generalitat está básicamente al servicio de lo que opine el Gobierno central, que sigue actuando en contra de la autonomía de Catalunya.

Oriol Bohigas, entrevistat per Maria Eugènia Ibáñez, La Lamentable, 23/06/2012

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