Opinió de Wert sobre el Diccionario Biográfico Español

Opinió de Wert sobre el Diccionario Biográfico Español

Aitor Esteban Bravo:

Señor ministro, ¿cuál es su opinión sobre el Diccionario Biográfico Español?

José Ignacio Wert Ortega:

Señor Esteban, me imagino que se refiere no a mi opinión personal, que tiene poco interés, sino a la opinión institucional del Gobierno. El Diccionario Biográfico Español es un empeño en el que la Real Academia de la Historia lleva ocupada trece años, que ha merecido un importante apoyo económico de Gobiernos de muy distinta significación ideológica y en el que se trata de colmatar un vacío apreciable en el campo de la historiografía española como es el vacío biográfico.

Aitor Esteban Bravo:

Señor ministro, en julio de 2011, como bien sabe, hubo un acuerdo parlamentario que puso condicionantes a la subvención presupuestaria. La corrección de las entradas que tenían falta de rigor y objetividad debía realizarse no más tarde de octubre de 2011, cosa que no se ha hecho. La interrupción de la difusión de la obra hasta la presentación del informe de la comisión debía hacerse así, y no se ha hecho. La subvención presupuestaria estaba condicionada a la revisión; ustedes han vuelto a presentar en el proyecto de presupuestos y han aprobado de nuevo una subvención específica para este menester. Ninguna de estas garantías se ha dado y el informe de la comisión, a día de hoy, públicamente no es conocido, aunque ya se ha adelantado por parte de algún portavoz de la academia que no va a haber modificaciones en las entradas. Otros informes, que se han hecho paralelamente y han señalado una falta de rigor y objetividad de la Asociación de Historia Contemporánea, afirman que, sin tener en cuenta las ligeramente fallidas, el 20% de las voces referentes al siglo XX no pasan el examen externo de un historiador profesional. El Times Literary Supplement, como usted bien sabe, tituló su crónica sobre esta obra como «Los amigos de Franco». Esto no es de extrañar, porque hay bastantes autores que están unidos a los biografiados tanto por la admiración como por el interés: la entrada sobre Alfonso Armada la hace su yerno; sobre el príncipe y las infantas, la propia Casa del Rey; sobre Esperanza Aguirre, su secretario de Estado; sobre Franco, el presidente de la Fundación Franco. Luego nos encontramos entradas chirenes, como, por ejemplo, la de Santiago Alonso —por no referirnos a otras— en las que se afirma sobre este coronel de infantería del ejército franquista que falleció en el frente en gloriosa muerte en el año 1938, tras el alzamiento nacional, consciente del sentido de verdadera cruzada que adquiriría nuestra guerra. Guerra que se califica después como guerra de liberación. También se afirma que el régimen de Franco era autoritario pero no totalitario. No es de extrañar, viniendo de un autor que escribe un artículo científico sobre —literalmente— la universalización de la democracia liberal como preludio del anticristo, nada más y nada menos. ¿Dónde quedan los condicionantes, el compromiso de dar una visión ecuánime de los personajes históricos que estaba dentro del acuerdo firmado con el Gobierno en 1999? ¿Dónde queda todo eso?

Jose Ignacio Wert Ortega:

Señor Esteban, una obra cuyo propósito es recoger voces referentes a 43.000 personajes de la historia española es evidente que puede admitir un cierto nivel de controversia; controversia que lógicamente será mucho mayor cuanto más próximos a nuestra contemporaneidad sean los personajes de que se trate. Solo en una sociedad cerrada, en una sociedad monolítica sería imaginable que una obra de estas características no provocara un cierto grado de controversia. Ahora, la cuestión que entiendo que me plantea es qué corresponde hacer desde la Administración. Y, efectivamente, no solo la resolución parlamentaria a la que ha hecho referencia su señoría sino una comunicación de mi predecesor en el Ministerio de Educación, el señor Gabilondo, se dirigió a la Real Academia de la Historia —y cito literalmente— «en orden a que se adoptasen las medidas oportunas para revisar y, en su caso, corregir inmediatamente por los medios que sean necesarios aquellas entradas que no respondan al rigor histórico de los trabajos académicos». Efectivamente, como su señoría ha recordado, se constituyó la comisión, y esa comisión, que ha realizado quinientas voces de personajes nacidos entre 1875 y 1931, ha concluido que catorce necesitaban ser revisadas en profundidad, dieciséis ligeramente revisadas y una eliminada. Con esto, lo que la comisión —una comisión irreprochable desde el punto de vista científico y académico— ha determinado es que el 6% de las voces necesitaban algún tipo de revisión. No me parece que sea un volumen como para poner en cuestión la obra completa. A su señoría y a mí nos pueden gustar o disgustar cosas que haya en el diccionario. Lo que no quiero para mí —y espero que su señoría tampoco para sí— es aparecer en ese diccionario por un hueco que nos hubiéramos ganado y no precisamente como defensores de la libertad de expresión.

Aitor Esteban Bravo-José Ignacio Wert, Congrés dels Diputats, 30/05/2012

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