Josep Borrell: España y Grecia, demasiado a la vez

En Grecia el bloqueo político obliga a nuevas elecciones ante la incapacidad de formar gobierno. Y con ello se abre un periodo de máxima incertidumbre y aumenta el temor de una salida del euro. En España, Bankia agrava las dudas sobre la situación real del sistema financiero, cuya calificación fue rebajada globalmente el pasado jueves por la agencia Moody’s. El Gobierno nacionaliza Bankia, exige nuevas recapitalizaciones a los bancos, rechaza la ayuda europea para financiarla y llama a auditores internacionales para que nos digan, si la encuentran, la situación real de nuestros bancos, y de paso desprestigia al Banco de España.

Esos dos problemas a la vez, una salida de Grecia del euro y un colapso bancario en España plantearían una situación demasiado complicada para que Europa la pudiese resolver. Juntos generarían un crecimiento exponencial explosivo de la crisis.

Desde el punto de vista estrictamente económico, los 780 mil millones de euros disponibles en los fondos de rescate europeos serían insuficientes. Pero el problema político sería mucho más grave. Rajoy sigue negándose a pedir la ayuda europea para recapitalizar los bancos mientras no se ve de dónde puede salir el dinero para hacerlo si solo contamos con nuestras propias y debilitadas fuerzas. En mi opinión debería pedir esa ayuda cuanto antes, o mejor dicho aceptarla, puesto que ya son más de uno los dirigentes europeos que consideran que la necesitamos.

La reunión del G8 en EE.UU no ha aportado muchas soluciones concretas. Se reconoce que la austeridad y el crecimiento deben apoyarse mutuamente pero no hay ni una sola medida concreta que nos diga cómo hacerlo. Y Merkel no ha modificado su posición, al menos abiertamente. Queda la esperanza de que la próxima reunión, de vuelta a Europa, de Merkel, Hollande y Monti, a la que Rajoy ha sido invitado en última instancia, sirva para algo.

La buena noticia, en el terreno de lo concreto, es que los sindicatos alemanes del metal han conseguido un aumento salarial del 4,2 %, lo que va en la línea de los que defendemos que el reequilibrio de la eurozona no puede hacerse solo con ajustes a la baja en los países deficitarios, es decir con una deflación de caballo en el sur, sino que los países excedentarios tienen también que contribuir con aumentos de su consumo, lo que pasa por aumentar los salarios y aceptar un poco más de inflación en el norte para reequilibrar el conjunto de la eurozona.

Los griegos no quieren salir del euro. Ni siquiera la nueva izquierda que puede ganar las elecciones lo pretende. Pero piden condiciones de ajuste más realistas que no conduzcan, como está ocurriendo, a una recesión económica y una grave crisis social. Cuando las políticas económicas rompen la confianza de la sociedad en sí misma es muy difícil aplicar las reformas necesarias para encontrar una futura solución a los problemas actuales. Churchill prometió sangre sudor y lágrimas pero su mensaje llevaba implícito que esos sacrificios eran el camino de la victoria. Pero si solo se proponen sacrificios sin esperanza, a partir de un cierto nivel de frustración los “animal spirits” de las sociedades democráticas no los aceptan. Y eso es lo que puede provocar la salida de Grecia del euro aunque el remedio sea peor que la enfermedad.

Esa salida costaría al conjunto de los contribuyentes europeos del orden de 225.000 millones de euros, que es el importe de la Deuda pública griega que está en manos de las instituciones públicas europeas, ya que es de suponer que se produciría un default masivo de la misma.

Pero, cuando se analiza la prensa europea, se ve que preocupan más todavía las consecuencias de un colapso a cámara lenta del sistema financiero español si se acentúan los síntomas de retiradas de depósitos y de capitales de los bancos más afectados por los activos tóxicos inmobiliarios. Esa pérdida de confianza sería fatal, no solo para España sino para el conjunto del sistema financiero europeo. La hipótesis de una salida de Grecia del euro se ha ido asumiendo progresivamente y sus consecuencias se consideran digeribles pero el problema de España es de otra dimensión. Los dos juntos producirían eso que en la historia financiara reciente ha quedado acunado como el “Lehman Brothers momentum”.

¿Y con qué instrumentos se cuenta para evitarlo? Hasta ahora hemos capeado el temporal con las dos inyecciones de liquidez del BCE a los bancos por 1 billón de euros y los 780 mil millones de los fondos de rescate, el actual Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera, para ayudar a los gobiernos.

El BCE puede inyectar más liquidez y el fondo de rescate se puede ampliar. Y seguramente habrá que hacerlo, pero si no se restablece la confianza en el sistema el problema no tiene solución. El total de depósitos bancarios en Italia, España, Grecia y Portugal suma 5,5 billones de euros, casi 8 veces la dimensión del MEEF. Y si los ciudadanos de un país se convencen de que sus euros se van a convertir en monedas nacionales fuertemente devaluadas, es lógico que los retiren de sus bancos y se los guarden donde puedan. Es lo que está ocurriendo de forma acelerada en Grecia donde los depósitos bancarios han disminuido en más de 60.000 millones de euros desde que empezó la crisis.

Este no es el caso de España. Quizá porque, a diferencia de Grecia, nadie se toma en serio la posibilidad de una salida del euro. Ha habido movimientos intrasistema, desde entidades con más riesgo a otras más seguras. Pero a medida que aumenta el porcentaje de activos tóxicos, como consecuencia de la caída de los precios inmobiliarios y de la desaparición de buena parte del tejido económico de pequeñas y medianas empresas que no han podido sobrevivir a la falta de crédito, aumenta también la tentación de buscar más seguridad en bancos de otros países.

¿Podrían los gobiernos europeos hacer como se hizo en EE.UU. en los peores momentos de la crisis financiera del 2008 y asegurar colectivamente los depósitos bancarios de todo el sistema financiero europeo? Una idea que ya se consideró y que no prosperó por sus evidentes dificultades políticas. La única solución es actuar rápidamente para evitar la expansión de la desconfianza y eso exige disponer de recursos que España sola muy probablemente ya no puede aportar. De forma inmediata la palabra la tienen en Franckfurt donde el BCE podría y debería evitar que la prima de riesgo española, e italiana, salte por los aires. Y después veremos que dicen los electores griegos.

Josep Borrell, República.com, 23/05/2012

One Response to "Josep Borrell: España y Grecia, demasiado a la vez"

  1. Maximo   24 de maig de 2012 at 9:32

    La confianza se recupera cuando se deja de pedir lo que no se tiene para consumir lo que no se necesita. El principal problema de España está en haber entrado en Europa sólo parcialmente: sólo entramos en consumo, como Grecia. La legislación laboral es para nada europea y los impuestos y cuotas de Seguridad Social casi son de otra galaxia. Sólo hace falta copiar de los países máquinas o empeñarse en seguir siendo peso muerto en el furgón de cola. Al final dependes de que alguien te desenganche.

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