Fundación Ideas. Reforma laboral y crisis: efectos sobre la economia espanyola

Fundación Ideas. Reforma laboral y crisis: efectos sobre la economís española

Conclusiones

La reforma laboral aprobada por el Gobierno del PP no va a ayudar a resolver los problemas de la economía española, sino todo lo contrario. Se trata de una refor­ma radical del mercado de trabajo español, no consensuada, que está diseñada para alterar los equilibrios necesarios entre los legítimos intereses de empresarios y trabajadores, teniendo en cuenta las posiciones relativas de unos y otros en el contexto de nuestra economía, que se caracteriza por la existencia de una estruc­tura empresarial constituida principalmente por pymes.

Los argumentos a favor de esta reforma defienden la necesidad que supuesta­mente existe en nuestra economía de introducir una mayor dosis de flexibilidad en las relaciones laborales, para con ello promover la creación de nuevos em­pleos. Se defiende la necesidad de tener en cuenta los intereses de 5,3 millones de desempleados que aspiran a conseguir un empleo y para ello se modifican las reglas del juego para 17,8 millones de ocupados a quienes se introduce una pre­sión para que sus salarios se ajusten a la baja y una enorme incertidumbre sobre el mantenimiento de sus puestos de trabajo.

En nuestra opinión, esta reforma laboral no es en absoluto la que necesita nues­tro país, ya que se trata de una reforma inadecuada e inoportuna. Es inadecuada porque no mejora en absoluto la eficiencia económica en el mercado de trabajo en España y porque previsiblemente va a deteriorar el cuadro macroeconómico ya pesimista planteado por el Gobierno. Y es inoportuna en la coyuntura actual, con una recaída generalizada de la actividad en España y en el conjunto de la eu­rozona, porque no ayudará a salir de la crisis, sino que la agravará en 2012 y 2013.

Una reforma laboral acelerada, diseñada para trasladar al ámbito comunitario y a los mercados financieros internacionales la imagen de que el Gobierno está aco­metiendo reformas estructurales de calado y que, sin embargo, nos va a provocar un descenso de la demanda interna y un deterioro adicional de las cuentas públi­cas que el Gobierno no ha medido adecuadamente. Además, los cambios en el mercado laboral introducen en España un serio riesgo de entrar en una espiral de caída de renta y empeoramiento de las expectativas que va a dañar seriamente el consumo privado y, con ello, las posibilidades de iniciar una recuperación en un plazo de 2-3 años.

Las posibles ganancias de competitividad que puedan lograrse con el ajuste a la baja de los salarios podrían aportar un efecto positivo de mejora del sector ex­terior. Pero para ello sería necesario que se produjese un cambio de ciclo en el ámbito europeo que introdujese dinamismo en nuestros principales mercados de exportación. En la coyuntura actual de nueva caída del PIB europeo (inicio de la temida “doble recesión”, o salida de la crisis en forma de “W” que algunos ana­listas señalaban como posible ya desde 2008), los mercados naturales para gran parte de nuestros productos de exportación van a tener una evolución muy débil. Esto supone que la mayor competitividad de los sectores exportadores no va a suponer una fuerte aportación al crecimiento de la economía española, mientras que en los sectores orientados al mercado interior se va a traducir meramente en una recuperación de márgenes empresariales.

En resumen, la reforma laboral que ha aprobado el PP para tratar de lanzar al ex­terior una imagen de Gobierno reformista nos puede pasar una enorme factura en nuestra economía interna. A la vista de los serios riesgos que introduce la nueva recesión en la que estamos entrando, el Gobierno debería revisar algunas de las transformaciones más radicales de las relaciones laborales que está planteando con esta reforma, ya que una flexibilización generalizada del mercado de trabajo en España ahora mismo resulta inoportuna y seriamente contraproducente desde un punto de vista económico.

De acuerdo con nuestras estimaciones, el cuadro macroeconómico oficial ya pe­simista que considera que podemos experimentar en 2012 una contracción del PIB de -1,7%, podría verse fuertemente agravado y llegar a caer cinco décimas adicionales (en el escenario más negativo) como consecuencia de los efectos de la reforma. Este contexto de mayor recesión de la economía española, junto con la mayor flexibilidad de las empresas para ajustar sus plantillas, tendrán conse­cuencias negativas en el empleo y se podrían destruir entre 740.000 y 800.000 puestos de trabajo en 2012, lo que situaría el número de parados por encima de los 6 millones. Además, esta espiral de más crisis y más desempleo tendrá efectos muy negativos en el déficit público, que podría desviarse hasta el -5,6% del PIB, lo que requeriría un ajuste de 38.000 millones de euros para cumplir el compromiso del -5,3%.

Fundación Ideas, enero de 2012

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